Todas las categorías
    • Todas las categorías
    • Caballos
    • Transportes
    • Accesorios
    • Servicios
    • Mascotas
    • Propiedades
    Please select a location from the drop-down list

    El Valle del Hierro de Guipúzcoa a Caballo

    Compartir:

    La fundación Lenbur y el centro ecuestre Ormazarreta de Legazpi (Guipúzcoa) han diseñado tres rutas a caballo que contarán con una experta amazona como conductora, Marian Lasa, así como con su marido y domador de caballos, Mariano Fernández, y su hermano y también jinete, Rafa Lasa.

    A través de estos recorridos el participante se podrá disfrutar del antiguo camino de las ferrerías, los caseríos y la ruta obrera de Legazpi ya sea a lomos de Duende, Campera o Chocolate. Así es la nueva oferta de turismo activo en el Valle del Hierro.

    La idea surgió hace unos meses, durante una conversación entre la responsable de los museos de Lenbur, Olatz Conde, y la propia Marian Lasa. El picadero Ormazarreta, que lleva tres años en la localidad, podría poner a sus caballos, una quincena de pura raza española, algunos portugueses y americanos y varios cruzados, en marcha para hacer del concepto de 'Museo territorio' una realidad.

    Es mediante la monta a caballo que el Museo Lenbur narra la historia del Valle del Hierro. Paseando sobre sus lomos es como el asistente puede entender la transformación del lugar a través del proceso de industrialización plasmado en diferentes paisajes como la ferrería de Mirandaola, el Museo del Hierro Vasco, los caseríos del pastoreo y el pan, la antigua capilla y escuela del Buen Pastor y la vieja fábrica papelera de Legazpi transformada en museo Chillida Lantoki.

    Desde el museo indican la idoneidad de poner en marcha este proyecto. «En cierta manera es como retroceder en el tiempo hasta la época en la que no había ni vehículos motorizados, ni carreteras como las de ahora y los vecinos se movían a caballo, en burro, con carros o como buenamente podían. Es entrar en contacto directo con la naturaleza y el paisaje humanizado que nos dejaron en herencia nuestros antepasados», en clara referencia a los senderos rodeados de hayas que fueron utilizadas para producir el carbón que surtía a las ferrerías, los antiguos caseríos y casas torre, las ermitas, las pequeñas presas y las orillas del río Urola (cuyo significado es precisamente agua de ferrerías) por las que transcurre el camino a caballo.

    La edad mínima para poder realizar las tres rutas diseñadas es de entre 11 y 12 años. Desde el picadero Ormazarreta, Marian Lasa segura que no es necesario saber montar para participa, ya que los caballos están experimentados y su adiestramiento permite realizar recorridos en grupo. «Pueden estar tranquilos porque vamos al paso, siguiendo al primero y adaptándonos al ritmo del que menos sabe», indica Lasa en tono tranquilizador. «La clave está en dejarse guiar, mantener una actitud relajada y no hacer movimientos bruscos, ni tirar con fuerza de las riendas, porque el caballo interpreta todas las señales que le enviamos desde nuestro cuerpo. Ante todo, debemos tratarlo con suavidad».

    Antes de emprender la ruta, los jinetes del picadero ofrecen unas nociones de manejo básicas a los participantes y les asignan aquel equino que mejor se adecue a sus características en función de su cuerpo, peso y conocimientos de equitación. «Para los que no tienen ningún tipo de experiencia tenemos los caballos más nobles, como Duende, Fugi, Campera, Brandy, Estrella, Paloma, Canela. Y para los más expertos reservamos a Jano, Navegante, Indio, Appa y Chocolate. También teníamos a Colocón, que tristemente falleció a mediados de agosto por un cólico. A pesar de su imponente altura y apariencia, era un pedazo de pan, hace unos meses, sin ir más lejos, llevó a una señora de 80 años que no tenía ni idea de montar hasta la punta de Otaño casi sin despeinarse», recuerda con tristeza Lasa, quien aún está afectada por la pérdida del animal. «Se les coge un cariño inmenso», reconoce.

    La gran mayoría de los caballos del picadero son de pura raza española, aunque también hay alguno lusitano, cuarto de milla y varios cruzados. Sus edades van desde los 6 hasta los 15 años y casi todos están castrados.

    Las tres rutas a recorrer con ellos han sido realizadas por los responsables del picadero en numerosas ocasiones. «Son caminos muy agradables y fáciles. De todos ellos, mi favorito es el que llega hasta la ferrería de Mirandaola, creo que nunca me cansaré de verla en marcha», señala Marian. Esta ruta es la que tiene comienzo en el picadero y sigue hasta la ferrería a través del conocido 'Camino Real' de Legazpi. Una vez en Mirandaola, se visita la ferrería, que en caso de ser domingo estará en funcionamiento e incluso se podrá disfrutar de un pintxo ferrón realizado en las brasas de su fuego bajo. Tras la visita, un parón en la ermita de San Miguel y de vuelta a Legazpi. «Atravesamos el centro del pueblo para que los visitantes lo conozcan y se lleven una imagen tanto de su pasado como de su presente», indica Marian.

    Otro de los recorridos que ofrecen es la 'Ruta obrera' que ofrece un viaje en el tiempo hasta la década de los 50 del siglo pasado y el comienzo de la industrialización en Legazpi. El recorrido atraviesa espacios significativos como la antigua pensión y los barrios obreros levantados por Patricio Echeverría para todos aquellos trabajadores y sus familias que acudían en masa a buscar empleo en la fábrica, el dispensario médico de la época, la capilla y una de las aulas del antiguo colegio del Buen Pastor, el economato creado para abastecer la gran demanda de productos para los nuevos hogares.

    En 1931 la empresa de Patricio Echeverría contaba con 523 trabajadores y hacia finales de 1970 el número había ascendido hasta los 3.400. Esta ruta incluye la entrada al museo Chillida Lantoki, enclavado en la antigua fábrica papelera de la localidad y dedicado a contar cómo se construyeron muchas de las obras de Eduardo Chillida en la forja de Patricio Echeverría, entre ellas El Peine del Viento.

    La última de las rutas a caballo tiene por destino dos caseríos, el de Erraizabal, en el barrio rural de Telleriarte, y el de Igaralde-Goena en el de Brinkola. El primero acoge el 'Ecomuseo del Pastoreo', donde se muestra el oficio, el día a día en el cuidado de las ovejas y la elaboración del delicioso queso con denominación de origen Idiazabal.

    En cuanto al caserío Igaralde-Goena, también conocido como el 'Rincón del Pan', sus instalaciones rinden tributo a uno de los manjares básicos de la alimentación, mostrando cómo se elaboraba el pan artesanalmente y narrando las distintas leyendas existentes en torno a este producto.

     

    Contenido relacionado:

    Ruta a caballo por Mutriku - Geoparque de Guipúzcoa

    Un hotel equino en Zizurkil, Guipúzcoa

    Zaldigorri - Primera ruta vasca perteneciente a la Red Europea de Posadas Ecuestres

     

     

    Fuente e imagen: diariovasco.com

     

    Artículos
    Suscríbete al boletín