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    Once años viajando en carruajes tirados por caballos

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    André Hemelrijk y Judith Houdijk llevan once años recorriendo media Europa en sus dos carruajes tirados por caballos, ya que defienden que es una forma económica y ecológica de viajar. Estos días han hecho un alto en el camino en Villaviciosa (Asturias), donde están captando las miradas de muchos locales que se sorprenden de la originalidad de sus coloridos carromatos, ubicados junto al centro de salud.

    La pareja holandesa comenzó este viaje en 2000 y ni siquiera la edad que tenían sus hijas, Saphire y Yentl-Rose, dos años y medio y dos meses, fue un impedimento para emprender una aventura que iniciaron en su país natal poniendo rumbo hacia Bélgica, Francia, España y Portugal. Ahora regresan a Francia en busca de una vida más sedentaria después de que un buen día decidieran dejar sus empleos de fotógrafo, él, y diseñadora gráfica, ella.

    En 1993 comenzaron su vida nómada en una caravana, pero el alto consumo de gasolina les animó a construir unos carruajes tirados por caballos, decorados como recién salidos de un cuento de hadas. Querían ahorrar el gasto en carburante, aunque les supusiera limitar los recorridos a un máximo de diez kilómetros diarios, que en tiempo se traduce en una hora y media. Tardaron cuatro años en preparar esta experiencia, que dicen que les ha aportado multitud de vivencias, así como conocer diversas culturas y hablar varios idiomas.

    André Hemelrijk y Judith Houdijk destacan que en sus caravanas tienen todas las comodidades: agua, calefacción y energía que obtienen a través de placas solares, lo que les permite disponer de conexión a internet, medio a través del que cuentan su aventura al mundo. Agregan que lo peor es mal tiempo y que a veces la Policía les incomoda demasiado en España, aunque en 2007, en su ruta hacia Portugal, fue mayor el control de sus acampadas.

    Esta aventura es viable económicamente gracias a la venta de fotografías que ilustran cómo viven y los escenarios que han recorrido. Otras fuentes de ingresos son las acuarelas pintadas por sus hijas (de 13 y 11 años), bisutería o talleres de maquillaje para los niños. La pareja es la que se encarga de la educación de las niñas coordinadamente con el colegio a través de internet, y lavan la ropa a mano o en una lavandería.

    Proyectan escribir un libro sobre su apasionante vida de nómadas.

     

     

    Artículo e imagen originalmente publicados en lne.es/Mariola Menéndez el 02/12/2011

     


     

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