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    Doma Vaquera - Acoso y Derribo

    ArtículoHistoria - Competicionessábado 13 agosto 2011
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    La disciplina ecuestre del acoso y derribo tiene su origen en las faenas camperas, y está estrechamente ligada a la doma vaquera, ya que de esta manera se llevaba a cabo los sistemas de manejo que tenían las ganaderías del toro bravo. Posteriormente, pasó a considerarse modalidad de espectáculo en el siglo XVIII.

    El objetivo es tumbar a la res dentro de un cuadrilátero y hacerlo de manera correcta. Se desarrolla por parejas, en las que el jinete  situado a la derecha de la res recibe el nombre de “garrochista” y es el encargado de derribarla, y el jinete situado a la izquierda se denomina “amparador” y lleva a cabo el acoso de la res. Ambos participantes forman una pareja denominada “collera” y cada uno de ellos está en posesión de una “garrocha” que no es otra cosa sino una vara con una pequeña puya de hierro al final de la misma, utilizada para picar a las reses en los cuartos traseros.

    La garrocha debe descubrir de la puya tan sólo media pulgada para que cumpla la función de empujar a la res sin que resbale sobre la piel pero también para evitar hacerle más daño. Al contrario de lo que pudiera parecer, es el caballo el que transmite la fuerza del empuje a la res, no el brazo del garrochista.

    Las reses a utilizar suelen ser vacas (una brava y otra mansa), toros jóvenes, becerras y novillos. Aunque recordemos que originariamente esta técnica era utilizada con toros bravos.

    Esta disciplina requiere llevarse a cabo en una gran extensión de terreno para poder galopar sin dificultad así como debe recorrerse una distancia de 600 metros en línea recta. Si bien tradicionalmente se utilizaban caballos cruzados, hoy en día puede participar cualquier raza aunque existe especial predilección por los hispano-árabes.

    En la actualidad los concursos de acoso y derribo están en auge en España y participar como collera en una competición de máxima categoría puede conllevar una inscripción de 600 euros, cifra que desciende considerablemente si se trata de concursos territoriales o de categoría B, cuya finalidad es acoger a nuevos aficionados.

    Los jinetes, a su vez, deben estar en posesión de una Licencia Deportiva Nacional y estar inscritos en un Registro Oficial si desean participar en las diferentes competiciones, con indepencia de su categoría. La puntuación depende, habitualmente, de las volteretas que efectúe la res, cosa que es algo complicada ya que se producen los llamados “embroques”, actitud rápida que toma la res al volverse para embestir; así como los “marronazos”, que es básicamente, fallar en la echada, o acción de derribar.

    Consulta la sección de eventos para estar al día sobre actividades de Acoso y Derribo.

     

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