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    Historia de la Competición Paraecuestre

    ArtículoHistoria - Competicionesmartes 29 noviembre 2011
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    Historia de la competición paraecuestre: primera medalla olímpica de plata en Juegos de Helsinki - 1952

    El valor terapéutico del movimiento del caballo tiene su origen en Grecia; ya en el 460 a.c. Hipócrates, padre de la medicina, mostró su interés por el “saludable ritmo del caballo”.

    Sin embargo, en la época actual, su utilización es bastante reciente; surge en 1952 en los países escandinavos a partir de una joven que a pesar de haber sufrido poliomelitis ganó una medalla olímpica de plata en doma clásica en los Juegos Olímpicos de Helsinki. Su triunfo llamó la atención a terapeutas que observaron una innovadora terapia con excelentes resultados.

    De esta manera se dio origen no solo al deporte adaptado sino a la utilización del caballo como elemento rehabilitador, extendiéndose a toda Centroeuropa en los años 60.

    La primera competición en la que se incluyó la doma dirigida a personas con discapacidad fue los Juegos Olímpicos de Nueva York en 1984 y en 1996 nace la disciplina de doma en los Juegos Paralímpicos de Atlanta, al mismo tiempo que en España comienzan a darse los primeros seminarios de equitación adaptada.


    Beneficios de las terapias ecuestres

    En los últimos diez años se ha incorporado la utilización del caballo y del deporte ecuestre en un gran número de programas de atención, terapia, rehabilitación, educación e integración social y laboral de personas con discapacidad. Los programas de responsabilidad social de la Fundación para la Promoción del Deporte Ecuestre han ofrecido apoyo económico e institucional a gran número de centros ecuestres por lo que el número de beneficiarios directos va en aumento.

    La diferencia fundamental de las terapias ecuestres y otro tipo de terapias es el movimiento; el caballo se convierte en un elemento igualador de las personas ya que sobre un caballo todas las personas con discapacidad se sienten jinetes.

    Este tipo de terapias actúan especialmente en el área relacional y de motricidad; se han valorado grandes beneficios a nivel de desarrollo de la personalidad, mejora relacional y de comunicación en pacientes con trastorno autista, enfermedades mentales… así como en personas en situación de riesgo de exclusión social. Por otra parte, el movimiento del caballo aporta grandes beneficios en pacientes con afectación motora como parálisis cerebral, traumatismos cráneo-encefálicos, espina bífida, esclerosis múltiple, lesionados medulares, etc.

     

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    Fuente: prioritygate.com

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