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    Cómo - Los Caballos en La Rioja

    ArtículoCómo - Consejos equinos generalesmiércoles 29 junio 2011
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    Decenas de jubilados mantienen todavía en la comarca de Cervera una curiosa postal de otros tiempos que sorprende a los foráneos. No es raro encontrarse en las carreteras y caminos de los valles del Alhama, Linares y la vega de Añamaza agricultores de avanzada edad a lomos o tirando de sus burros, mulos y, en menor medida, caballos o yeguas. Para ellos es su herramienta de trabajo, parte fundamental del proceso agrícola que les ha acompañado toda la vida y que tiene los días contados.

    Los utilizan como medio de transporte para acudir al campo. También, como elemento de carga con alforjas, capazos y en determinadas situaciones como animales de tiro al acoplarles remolques, carros o carretas. Los menos todavía labran la tierra con caballerías y arados romanos que en muchos lugares de España forman parte de museos y exposiciones etnográficas.

    Un trabajo duro que deja a los 'urbanitas' con la boca abierta, un arte fruto de años de relación entre amos y animales, una actividad costosa y hoy en día impensable para cualquier productor que quiera sacar el máximo rendimiento a sus fincas con el mínimo esfuerzo. Pero no estamos hablando de productividad ni comodidad sino de una situación romántica, idílica (vista desde la distancia), de la permanencia de tradiciones y costumbres en el mundo rural a diferencia de otros lugares en los que sólo las anillas de hierro clavadas en los muros recuerdan que allí 'aparcaba' un equino o en los que las herraduras en portales y merenderos se utilizan como decoración sin percatarse de su significado y, lo más triste, sin importar su origen.

    En un enclave como la comarca del Alhama-Linares donde abundan los recursos patrimoniales de distinta índole (desde monumentos históricos y arqueológicos hasta yacimientos de huellas de dinosaurios, por citar algunos) este vínculo laboral entre el campesino y su cuadrúpedo llama la atención del turista tanto o más que cualquier otro elemento.

    El director general de Agricultura y Ganadería, Igor Fonseca, lo describe como «un hecho cotidiano en los pueblos de La Rioja que ha ido desapareciendo desde mediados de los años sesenta y que en lugares concretos como la comarca de Cervera aún podemos ver esa estampa viva del agricultor con su caballería» y añade que «habría que buscar la fórmula para conservar este método de producción sostenible, ecológico, no contaminante y entrañable como patrimonio local, comarcal y paisajístico que puede aportar un valor añadido a la zona».

    Con el paso del tiempo se ha producido la casi total desaparición de actividades como la trilla de la cosecha en eras sobre las que se extendían las espigas que deshacían los caballos, burros o mulos arrastrando sobre ellas el trillo e incluso con sus propias herraduras o de oficios como el de herrero que en su fragua era experto en calzar a los equinos de cualquier clase y arreglar todo tipo de aperos de labranza. Aunque podemos encontrar construcciones como los pilones o abrevaderos que por salubridad e higiene se han llevado a las afueras para evitar el paso del ganado ovino pero que en ciertos pueblos aún queda alguno en el casco urbano para dar servicio a las caballerías.

    Personas septuagenarias

    Casi todos los propietarios superan los setenta años y conforme avanza el tiempo se ven obligados a prescindir de sus burros, mulos o machos por miedo a caerse o por no estar en condiciones de mantener al animal.

    Es el caso de José Abad, de Grávalos, que con 88 años tomó la decisión de deshacerse de su asno al no poder ocuparse de él. 'Juanito', que así se llama el cuadrúpedo, se salvó de su destino inicial (el matadero) gracias a la caridad de un ganadero amigo, Ladislao Ruiz, que de forma altruista lo acogió en su explotación donde disfruta de un merecido retiro, suerte que no tendrá el resto de su especie. Con la experiencia de toda una vida José tiene claro que «es de los animales más duros que hay».

    Aunque el uso principal de las caballerías dedicadas al trabajo en el medio rural es el agrícola no podemos decir que sea el único. Hay casos como el de Teodoro Escalada de Valdegutur que rompen la norma. Con 75 años conserva un rebaño de un centenar de ovejas que saca a pastar acompañado por su perro y una mula. «Siempre he tenido caballería, una vez me caí de una moto y, aunque no me pasó nada, nunca he querido coger un vehículo», comenta.

    Equinos en La Rioja

    Según lo declarado por los ganaderos este año, el censo equino en nuestra comunidad autónoma asciende a 5.658 animales, entre los que no contamos con razas autóctonas, a diferencia de otras regiones del país. Por tipos, el mayor número corresponde a caballerías destinadas a reproducción para carne (3.046), que se ubican principalmente en los Cameros. De silla hay 1.578, destacando la comarca de Logroño como la zona donde más abundan. En tercer lugar están los de cebo o engorde, con 695 cabezas, la mayoría distribuidos entre La Rioja Media y las comarcas de Cervera y Alfaro. Los inscritos como equinos para trabajo son 275, sobre todo las comarcas de Logroño, Cervera y Cameros. La lista se completa con otros 64 ejemplares sin especificar.

    El 1 de julio del 2009 entró en vigor una normativa obligatoria para identificarlos mediante un microchip inyectable antes del 31 de diciembre del año de nacimiento del animal o en el plazo de seis meses a partir de la fecha de su alumbramiento. Además, cada propietario debe inscribirlo en el Registro de Explotaciones Ganaderas de La Rioja y requiere de una autorización del Ayuntamiento.

    Respecto al conjunto de la ganadería el ganado caballar es complementario, ya que en nuestra región predomina el ovino y vacuno.

    Los datos que maneja la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Local indican que la tendencia es mantener el número de équidos a nivel global o disminuir ligeramente el número de reproducción para carne a causa de la bajada de precios y la limitación de la demanda.

    A pesar de la implantación de maquinaria especializada en las labores agrícolas, hoy en día todavía existen reductos en La Rioja en los que las caballerías se utilizan como fuerza bruta para desarrollar diferentes trabajos. Esto es así gracias a la perseverancia de agricultores septuagenarios que se aferran al pasado y resisten las embestidas del progreso. Principalmente, los rudos y pacíficos asnos y mulos sirven como animales de transporte a sus propietarios, de carga, tiro y para labrar las pequeñas huertas de autoconsumo en zonas rurales. Su fuerza y nobleza les hicieron ideales para estas funciones hasta que llegaron los tractores en la segunda mitad del siglo XX. Habrá a quien le resulte extraña e incomprensible esta situación pero la mayoría se asombra y admira la actitud de estos campesinos. Incluso algunos no pueden resistirse a fotografiar o grabar en color unas imágenes propias de la época del blanco y negro.

     

     

    Fuente: larioja.com

    Reportaje publicado el 12/06/2011

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