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    Conocer a nuestro caballo I: el instinto y los sentidos

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    Trabajar con caballos, o manejarlos de forma habitual requiere ciertos conocimientos acerca de cómo pueden reaccionar ante ciertos estímulos y en diversas situaciones.

    Esas reacciones de las que hablamos se van a ver afectadas por la inteligencia, las emociones, el instinto, los sentidos, el entrenamiento y las experiencias que acumulan los propios animales.

    En cierto modo, se puede considerar que la conducta de un caballo va a ser casi siempre predecible debido a que la larga historia en común entre el ser humano y estos bellos animales ha hecho posible que alberguemos cierto conocimiento sobre las características de los equinos. Sin embargo, cada ejemplar es diferente y puede darse perfectamente una reacción inesperada ante una situación en la que, quizás, nosotros mismos esperábamos que el caballo se comportase de cierta manera.

    Se vuelve esencial, en estos casos, señalar aquellos rasgos que entran en juego y debemos conocer:

    Instinto

    Es una conducta natural en los caballos y altamente desarrollada. Esta intuición es vital para poder huir de una situación peligrosa, de un depredador, de un peligro inminente, apartarse de un objeto o sonido, entre otros.

    Los caballos reaccionan de forma automática ante una presión, del mismo modo que suelen temer al agua acumulada en el suelo (tras lluvias, habitualmente) porque no pueden ver la profundidad del charco o balsa.

    De hecho, durante el proceso de doma de un caballo se les suele entrenar para, en algunas ocasiones, ir en contra de sus instintos, ya que su alta sensibilidad les hace proclives a temer de numerosas circunstanciales con las que tendrán que familiarizarse en su vida doméstica.
     

    Sentidos

    La vista, el oído, el tacto y, por supuesto, el olfato, son recursos cruciales para la supervivencia del caballo. Sus sentidos son diferentes de los nuestros. Repasamos las características más señaladas:

     

    Vista

    Un caballo, como muchos otros seres, depende enormemente de su visión, como ya hemos tratado anteriormente. De hecho, tanto es así que la localización de sus ojos le permite recibir información visual de lo que ocurre en su frente, a sus lados y en la parte posterior de su cuerpo. Todo esto sin ni siquiera girar la cabeza.

    Aquellas razas cuyos caballos tienen los ojos más separados suelen ser proclives a bajar la cabeza cuando quieren visualizar los objetos que se hallan más directamente enfrente de ellos. Aún así, en cuanto a laterales se refiere, la mayoría de son vistos con un solo ojo a la vez. Sin embargo, también los caballos tienen puntos ciegos. Exactamente, abajo y enfrente de su campo de visión, con una extensión aproximada de entre 90 y 180 centímetros de diámetro. Este punto ciego le imposibilita ver donde está poniendo sus patas o incluso no poder ver dónde está colocada la comida en el suelo, si se encuentra directamente enfrente.

    No obstante, su buena vista le permite ver bastante lejos, cerca de los 0.60 kilómetros. Al comer, si tiene la cabeza baja, puede ver únicamente unos pocos metros hacia los lados de su cuerpo.

    Los ojos de los caballos no se ajustan tan rápidamente a los cambios de luz como los nuestros, pero una vez ajustados a la poca luz o a la oscuridad, tienen una buena visión nocturna.

    Por todos estos motivos, es fácil entender que un caballo de salto, que no tiene visión del obstáculo y sin embargo lo salta, vence el miedo y la dificultad porque ha sido entrenado para hacerlo. 


    Oído

    De nuevo, como ocurre con muchos otros animales, el caballo posee un oído refinadísimo, más que el humano. Así, aunque la frecuencia del sonido sea similar, un equino probablemente percibirá algo antes que cualquiera de nosotros lo escuchemos.

    Cada oreja puede girar ciento ochenta grados hacia el frente, hacia atrás y hacia los lados y cada una puede moverse independientemente de la otra.

    Recomendamos, cómo no, hablar a nuestros caballos ya que nuestra voz puede transmitirles serenidad, tranquilidad y ayuda, especialmente en los primeros encuentros, a la hora del reconocimiento.
     

    Olfato

    Este sentido está bien desarrollado, como ocurre tantas veces con muchos mamíferos, y suelen usarlo los equinos para reconocerse entre sí, para distinguir a las personas y a reconocer otros objetos.

    No nos cansaremos nunca de dejar claro que hay que dejarlos oler cualquier cosa que les sea extraña. De esta manera aprenden a identificarlo, se familiarizan y evitaremos que los olores no comunes los alarmen.

     

    Tacto

    Los caballos son sensibles al tacto,  siendo sus áreas más delicadas la boca, caderas, cuello, hombros y pies.

    La primera es muy sensible al dolor. Otras partes de su cuerpo lo son también pero en distinto grado, a la presión y al dolor. Es por este motivo que el caballo aprende a actuar a través de ligeros toques, suaves, ya sea con las riendas, con las piernas o con el propio peso del jinete

    Es más, los toques no deben usarse simplemente para dar mandos sino también como recompensa. No olvidemos que el caballo es un animal social e incluso, en el caso del caballo árabe, este rasgo está altamente acentuado: le gustan que lo rasquen, que le den cariño, que lo cepillen.

     

    Gusto

    Les gustan las zanahorias, manzanas y piñas así como el concentrado con melaza. Está claro que les gusta los sabores dulces!. Por supuesto también otros alimentos, ya sean naturales como el heno y el pasto, o procesados como los concentrados y suplementos palatalizados son aceptados de buen grado.

     

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    Fuente: lahora.com.gt

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