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    La entrega de caballos y yeguas de los carreteros en Bogotá (Colombia)

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    Ángel Cascavita, sintió en el estómago lo mismo que experimenta un padre de familia al despedir a un hijo en el aeropuerto. Esta vez la tristeza que lo embargaba era por Mara, la yegua de sus amores. Aquella tierna ejemplar que durante dos años lo acompañó en la búsqueda diaria de chatarra. Su compañera de fatigas.

    El martes 19 de febrero de 2013, este hombre, de 51 años formaba parte del grupo de 50 carreteros que de manera voluntaria entregaban sus caballos y yeguas a la Secretaría de Movilidad de Bogotá, Colombia, dentro del programa de sustitución de tracción animal, aplazada en dos ocasiones.

    Para Cascavita, la despedida fue poco menos que un ritual. De hecho, Ángel decidió darle libre a Mara la tarde del lunes y aprovechó las últimas horas con ella para cepillarle los dientes, que confirman su juventud, peinarle la crin y arreglarle las herraduras.

    También le susurraba frases bonitas al oído: “Mijita, tranquila que todo va a salir bien.” Mara sólo lo miraba, ni siquiera relinchaba. Después vino la comida: café con pan para él y zanahoria, melaza y concentrado para ella. A las cuatro de la mañana, ambos partieron con rumbo al centro veterinario universitario, y, como ellos, una caravana de llaneros solitarios que ocupaba un carril de la autovía conocida como la Autonorte.

    Al llegar, una veterinaria le preguntó los datos básicos de Mara y tras una pequeña revisión se llevó la yegua a las caballerizas de la universidad, donde se le practicarán, al igual que a los demás ejemplares, exámenes de sangre y orina, antes de entregarlos en adopción a alguno del millar de padrinos registrados ante el Distrito.

    "Ya era hora que descansara", dijo Ángel, antes de que se le escapara alguna lágrima. Exactamente igual que le sucedía a María Pinilla, quien entregaba a Morocho, que la acompañó calle arriba calle abajo unos ocho años.

    "Ya no va a sentir el rigor de la carreta", comentaba compungido José Tocancipá, otro carretero. Se refería a Muñeca, que sobre las 11 de la mañana se incorporaba a los establos. 

    Mientras los carreteros de Bogotá, conocidos como 'zorreros' vivían emociones encontradas, el alcalde, Gustavo Petro, reflexionaba: "Si queremos reconciliarnos con la naturaleza, tenemos que superar la segregación y la desigualdad social".

    De acuerdo con el plan de la Secretaría de Movilidad, semanalmente se recibirán 50 animales, hasta completar los 2.200, entre caballos y yeguas, ya censados. Los animales se someterán a varios exámenes en las instalaciones de la Universidad. Luego serán entregados a los cerca de 1.000 adoptantes registrados, quienes cuentan con fincas para mantener a los caballos.

     

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    Fuente e imagen: eltiempo.com

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