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    La especial relación entre niños y caballos

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    Entre relinchos y galopes se genera, entre un niño y un caballo, una relación de compañía y cariño tan fuerte y especial, propios del carácter de ambos, que puede durar toda la vida y desarrollar diferentes beneficios.

    El vínculo que se establece es increíble porque el caballo es, sin duda, un animal noble y sensible, que percibe lo que muchos humanos pasamos por alto. Anahí Zlotnik, veterinaria experta en comportamiento animal, homeopatía y masajes terapéuticos así como autora de “Relinchos y susurros”, afirma que cuando los más pequeños se crían con caballos o tienen un contacto cercano, se dan experiencias maravillosas porque el caballo pasa a convertirse en un compañero muy protector.  

    La especialista pone énfasis en el momento en que un niño se acerca al caballo, puesto que éste se ofrece al pequeño, pone sus orejas a los lados, mostrando una actitud pasiva.

    En su experiencia personal, Zlotnik cuenta: “Siendo muy chica me metí sin que nadie supiera en el box de un caballo, algo nervioso. Cuando me vio el capataz se quería morir, porque pensó que me iba a matar, pero estaba mansísimo”. La veterinaria lo atribuye a que los niños, por regla general, no poseen expectativas, se muestran menos tensos que los adultos y de alguna manera, la energía que le transmiten al caballo es más pura.

    María Eugenia Fuentes doma caballos y su relación con ellos le viene desde los tres meses cuando su padre se la llevó a andar a caballo en el campo. Sobre esto, recuerda que su progenitor le regaló a 'Soquete', que tenía mucho carácter y pocas personas lo podían montar. Sin embargo, ella ya desde pequeña logró montarlo con facilidad, sin apenas problemas. A Fuentes le diagnosticaron Perthes a los seis años, una enfermedad en la cadera que le dificultaba el caminar. A partir de ese momento, forjó para siempre el vínculo con su caballo: “Cuando empecé con las muletas y no podía apoyar las piernas, él era como si supiera que tenía que cuidarme. Desde ese instante empecé a tener una relación muy especial con él, aunque siempre la tuve con todos los caballos”. 

    Cada persona tiene un motivo distinto a la hora de acercarse a un caballo: en ocasiones es una relación de ocio y diversión, a veces por cariño y pasión por estos animales, y en otras ocasiones por interés, por ganarse la vida con él ya sea criando, dando clases de equitación o practicando un deporte.

    En cualquier caso, son enormes los beneficios que puede generar el vínculo con el caballo ya desde bien pequeños. El primordial beneficio podría ser, sin duda, generar y afianzar la autoestima, ya que el mero hecho de poder manejar un animal de 400 o 500 kilos aporta una seguridad especial. A otros niños les aporta tranquilidad, les apacigua el carácter y adquieren paciencia. También aprenden a adquirir la responsabilidad de preocuparse y velar por otro ser vivo.

    Y, sin duda, esta especial relación, puede perdurar durante años, porque el caballo tiene la capacidad de recordar a una persona, gracias al olfato que les permite incluir al niño en uno más de la manada. La misma Fuentes reafirma esta fuerte memoria, como le ocurrió con 'Soquete', su caballo, que una mañana cuando ella llegó al campo se acostó a su lado y murió, haciéndole sentir que la había esperado para ese momento.

     

     

    Fuente e imagen: clarin.com

     

     

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