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    Los caballos que acompañaron a Scott al Polo Sur

    ArtículoCómo - Consejos equinos generalesjueves 22 diciembre 2011
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    Este era el relato que el periodista Edward W. Walton escribía para el Strand Magazine narrando la travesía del explorador inglés Robert Falcon Scott, entre 1910 y 1912, quien alcanzó el Polo Sur un mes después de que lo lograra otro explorador, esta vez noruego, Roald Amundsen.

    Hoy era un día importante dado que estaba previsto alcanzar la posición geográfica donde el año pasado se instaló el depósito más avanzado de la línea que se preparó para que este año no fuera necesario cargar con todas las provisiones.

    En aquella ocasión se almacenaron, en varios depósitos, dos toneladas de materiales y víveres. El último, el que se emplazó más al sur, era éste al que se le dio el nombre de “La Tonelada”, puesto que aproximadamente almacenaba una tonelada de provisiones y equipos.

    Dado el mal tiempo que ha hecho estos días pasados, había una lógica preocupación por la dificultad encontrar el depósito en medio de una ventisca. Sin embargo, en esta ocasión el tiempo se ha aliado en nuestro favor, mejorando lo suficiente para localizarlo sin problemas. A partir de aquí habrá que habrá que acarrear todas las provisiones que se necesitarán hasta llegar al Polo y volver.

    Si hoy el tiempo nos ha dado un respiro, los días pasados han sido como una pesadilla. Las ventiscas, el frío y las pésimas condiciones de la superficie han mermado la condición física de los caballos. Aunque, todo hay que decirlo, nunca ha sido unos ejemplares de gran fortaleza.

    Al preparar la expedición Scott optó por caballos manchurianos, presumiblemente acostumbrados al frío, por lo que envió a Meares a Rusia para comprar los caballos al tiempo que adquiría los perros para los trineos. Pero mientras que esa una materia es un gran experto y los perros son de gran calidad, sus conocimientos de caballos son tan elementales que le vendieron, en palabras de Oates: “una recua de bestias viejas e inútiles”.

    Por lo tanto parece lógica la preocupación de todos por el rápido deterioro que han experimentado los caballos en los últimos días. Dado que si después de recorrer tan sólo 200 kms se encuentran en tan penoso estado, no es fácil confiar en que serán capaces de continuar tirando de los trineos durante los 400 kms que faltan para llegar a las montañas, donde los hombres cogerán el relevo.

    Sin embargo Oates, que ha dedicado todo un año a cuidar de los caballos, se muestra confiado en que “los caballos aguantarán”. Esta opinión, procediendo de alguien que siempre se caracteriza por su pesimismo, ha hecho renacer las esperanzas. El capitán Scott también se muestra optimista y hoy mismo me decía que “creía que una parte de los caballos se encuentran mejor ahora que cuando comenzaron la marcha. En cualquier caso pronto lo veremos”, concluyó con su serenidad habitual.

    La diferencia entre las travesías de Scotty Admunsen pasaban principalmente por los animales que los exploradores eligieron para llevarlas a cabo. Scott prefiró los caballos y Amundsen optó por los perros. Sin embargo, Scott no contó con que los caballos no resistirían las drásticas temperaturas. Las condiciones climáticas fueron demasiado extremas para los equinos. La expedición de Scott sufrió un dramático final.

     

     

    Fotografía tomada por el Capitán Scott. Fuente: NYT

    Fuente del texto: conscottalpolo.es

     

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