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    El final del Western - Caballos y llanuras en Montana

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    Todos conocemos el género western gracias, en gran parte, a lo que las imágenes del cine nos han transmitido. Orillas, ríos, montañas, cabalgadas libre por las llanuras, jinetes al trote o tranquilos, a veces alrededor de una hoguera.

    En los prados y llanuras del estado norteamericana de Montana, los Mantle llevan un siglo cabalgando con sus manadas. Localizan, compran y miman caballos mansos que luego alquilan o venden a jinetes no profesionales. Suelen ser ayudados por algunos cowboys nostálgicos, y juntos galopan hacia el norte en busca de pastos para el verano.

    Sin embargo, para la familia Mantle puede que el viaje de esta pasada primavera hay sido el último. La crisis económica también les ha llegado a ellos, que a priori parecen tan alejados de los vaivenes de la civilización, y actualmente son una de las pocas familias que se dedican a su tarea, quizás, sean incluso ya la única.

    Los Mantle está a un paso de cambiar los caballos por vacas, pues estas últimas parece que son más rentables. Antes de que el rancho cierre este último reducto western,  y antes de que esta manera de vivir Norteamérica se vaya diluyendo, el fotógrafo de la agencia Reuters Jim Urqhart ha querido plasmar el acontecimiento.

    Tres días, 300 caballos y hombres como el doctor Al Carr, que atiende a los heridos durante el camino: «El viejo Oeste está desapareciendo delante de nuestros ojos».

    Sara Fry, una joven de 25 años, lamenta la situación a la que se ha llegado «Hay que estar de pie cerca de los caballos, sin montar, para entender todo esto. Hay un dicho que dice que lo mejor para el interior de un hombre es la parte exterior de un caballo»

    Carr, el viejo médico, transmite la melancolía con la que se viven estos últimos momentos recordando que los caballos de Montana tienen la capacidad de mirar a una persona a los ojos y atravesarlo, desnudarlo, leer su alma. «Ven a través de las personas y muchas veces no estoy listo para afrontar lo que pueden mostrarme».

    El Oeste también es hogar para Doreen Lee, dedicado a la doma de caballos y tremendamente convencido de los valores asociados al arte del lazo: «Hemos sido la imagen del trabajo duro, el amor duro y el verdadero sentido de la integridad. Los caballos siempre han simbolizado el poder y la inteligencia más allá de lo que nosotros somos capaces», comenta en una pose muy apropiada junto al fuego.

    Shad Broadman, excampeón del mundo de rodeo, también forma parte de la cuadrilla: «Aquí el trabajo es real, como se hacía antes. Ya nadie lleva así a los caballos después del invierno y los prepara para enviarlos a sus clientes en las mejores condiciones. Me encanta la carrera y me gusta la gente».

    Uno de los momentos más delicados y mágicos de esta aventura es cuando las manada, formada por hombres, mujeres y caballos, irrumpe en cada uno de los pueblos que se tropiezan. Renee y Kail Mantle, el matrimonio que ha mantenido vivo el sueño del oeste salvaje se despiden de lo que ha sido su vida hasta ahora: «Todo esto tiene un sabor agridulce. Echaremos de menos este caos».

     

     

    Fuente: hoy.es

    Imagen: hoy.es / Jim Urqhart / Reuters

     

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