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    La Feria Caballar de Tafalla

    ArtículoHistoria - Fiestas y Tradicionesmiércoles 12 febrero 2014
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    La familia Beitia, natural de Loiu, en Vizcaya, acumula más de medio siglo a sus espaldas participando en la Feria Caballar de Tafalla (Navarra).

    El primero en acudir a esta cita ancestral originada en el siglo XV, con la concesión del rey navarro Carlos III a la ciudad del Cidacos del privilegio de organizar esta feria, fue Marcelino Beitia, ya fallecido, quien recorría los 205 kilómetros que separan estas dos localidades para vender una veintena de potros de la raza Burguete.

    Entonces era otra época, como se suele decir. Los ganaderos exponían sus ejemplares en las inmediaciones de la Ikastola Garcés de los Fayos. Un lugar más céntrico pero "menos preparado para albergar animales", asevera Iñaki Beitia, hijo de Marcelino, quien lleva ya 36 años acudiendo cada año.

    A sus 56 años, Iñaki puede hablar de primera mano sobre la evolución que ha seguido la feria. Una trayectoria de declive en las últimas décadas pues ha pasado de contar con la exposición de mil ejemplares al apenas centenar y medio registrado en la edición de 2014.

    "Más que pesimista soy realista. Antes veníamos de víspera para hacer tratos y ahora, por no venir, ya no vienen ni los valencianos porque no les compensa económicamente", comenta sobre los ganaderos pero no escapa a su análisis el comportamiento del visitante que "se acerca a la feria, pasea, mira, pero no compra", lo que, en su opinión confirma que los ganaderos continúan participando en Tafalla más por "por afición" que por el supuesto rendimiento que le puedan sacar al encuentro.

    El precio del ganado equino también ha sufrido una caída notable. Tanto es así que los ponis o potros "hace 20 años valían más de lo que valen hoy. Si antes constaban 50.000 pesetas ahora valen 25.000", señala Beitia, acompañado por su hija Olatz, de 27 años.

    Por su parte, la joven, licenciada en Psicología, ha decidido tomar las riendas de la explotación familiar y dedicarse tanto a la cría como a la compra-venta de ponis, especialmente de la raza Shetland, porque lo ha mamado desde pequeña. "En casa siempre he vivido esto y me gusta mucho a pesar de que no se puede vivir de ello. No da dinero. Para que sea rentable tienes que montar una explotación con carnicería", dice.

    Además, por si fuera poco, la burocracia no ayuda mucho a la hora de que la tradición caballar prospere de generación en generación, como antaño.

    Otro ejemplo es el caso del navarro Mikel Aguirre, de 26 años y natural de Etxarri Aranatz, que acude a la Feria de Tafalla desde los 13: "Ahora todo son pegas. Por si fuera poco el precio del gasoil, para acudir a una feria necesitas número de explotación, carnet de manipulador de ganado y que el vehículo en el que transportas los animales esté desinfectado y tenga autorización para este cometido". Por este motivo, la verificación, por parte de la autoridad competente, de que todos los papeles están en regla puede llevar hasta media hora larga.

    "El control es excesivo", añade Alfredo Amador, de Navarrete (La Rioja), pero añade que la espera "compensa". en su caso, el riojano vendió los cinco caballos de Pura Raza Española con los que había viajado hasta la localidad en apenas unos pocos minutos.

     

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    Fuente e imagen: noticiasdenavarra.com


     

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