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    Los Jinetes del 'Guirria' y la fiesta del aguinaldo

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    Cuenta la tradición que hay un enigmático ser mitológico en San Juan de Beleño que cada 1 de enero recorre las calles, robándoles besos a las mujeres y embadurnando de ceniza a los hombres, e irrumpe en los hogares para pedir el aguinaldo.

    En esa fecha aparece por la localidad asturiana este personaje, denominado Guirria, ornamentado con un llamativo atuendo, azul y amarillo, y su inconfundible barba negra.

    Los alrededores de la fuente de la Magdalena comienzan a llenarse de curiosos casi media hora antes de la salida de la comitiva. En la edición de 2012, el séquito de jinetes que acompañaba al Guirria estaba formado por un total de veinte jóvenes solteros, apodados aguinalderos. Los mozos practican su dominio equino por la avenida principal del pueblo, unos con más precisión que otros. El más joven de los solteros del pueblo, requisito éste indispensable para poder participar en la carrera por el aguinaldo, tenía este año trece años. Detrás de los caballos es también tradición que desfilen todos los niños del pueblo que así lo deseen, montados a lomos de burros. Por supuesto, ellos también solicitaron el aguinaldo a los vecinos.

    Pasado el mediodía, el sonido del palo largo contra el suelo da por anunciado el comienzo del itinerario. El joven que se esconde detrás de peculiar atuendo, que se complementa también con una fardela de ceniza, no desvela su identidad hasta mucho más tarde. La elección del aspirante se realiza bajo una serie de premisas. Debe cumplir los siguientes requisitos: ser soltero, tener un poco de cara, ser deportista y, sobre todo, tener una novia poco celosa, si es que la tiene. Y éste último requisito es debido a las obligaciones del Guirria: debe besar, y si se dejan abrazar, a todas las mujeres que se crucen en su recorrido. También se dedica a manchar a los hombres que no vayan a caballo con la ceniza que lleva en su bandolera y, por último, debe entrar en todas y cada una de las casas para pedir el aguinaldo.

    En su empeño por besar y ser besado, culmina el recorrido, que comienza desde el barrio de Baraes hasta Dubriu, para descender hasta Cainaba. Hasta allí le sigue al trote el grupo de aguinalderos. Colocados en fila de mayor a menor edad, completan el recorrido hasta la localidad vecina al grito de «viva el Guirria, viva el aguinaldo».

    Los vecinos ofrecen vino, zumo, comida, golosinas, dinero… cualquier aguinaldo es bienvenido y recibe como agradecimiento unas originales estrofas, en las que les desean «pase feliz Año Nuevo, toda la vecindad, nosotros les deseamos, salud y prosperidad», o «aquí venimos señores el aguinaldo a sacar, aunque no es de obligación, tienen por costumbre dar».

    Con el dinero que recaudan se sufraga toda la fiesta posterior, que consiste en una cena para todos los niños y niñas del pueblo y otra para los mozos, ambas con verbena y orquesta para finalizar. Es durante esta última cuando por fin el Guirria se despoja de su máscara y desvela su identidad.

     

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    Fuente e imagen: elcomercio.es


     

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