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    A caballo hasta Alemania en busca de trabajo

    ArtículoHistoria - Jinetesjueves 24 octubre 2013
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    Jesús Jiménez es un joven de 32 años que ha decidido abandonar su Ávila natal para emigrar a Alemania en busca de trabajo, como muchos otros jóvenes españoles están haciendo en los últimos años.

    Sin embargo, él no realiza el trayecto como todos los demás. Este chico, dada su condición de desempleado, no ha tomado un avión, un autobús o un tren porque no tenía dinero. Salió de su pueblo con su caballo Campeón, una manta para protegerse del frío y un par de alforjas llenas de chorizos y jamón.

    Jesús, oriundo de la localidad de Gemuño, nunca ha salido de España y creció en el campo cuidando caballos y ganado bravo. "Llevo más de un año desempleado. Vivo con mis padres y mi hermana. El único ingreso es el de mi padre que es jardinero. Un día les dije: me voy a buscar trabajo como sea y agarré el potro.

    Pero si Jesús no logra su objetivo en esos dos mil kilómetros, está dispuesto a ir más allá. “Busco un trabajo estable para poder tener una familia. Si no lo encuentro en Alemania seguiré hasta Rusia, hasta donde haga falta".

    Ya lleva más de dos semanas y 300 kilómetros recorridos de la solitaria estepa castellana, atravesando riachuelos, bosques secos por el frío y pueblos que difícilmente aparecen en los mapas: Valverde de Manjano, Sacramenia, Torrecilla del Pinar, Fuente Oso.

    En esos pueblos el joven es recibido por el alcalde con una comitiva, avisado de antemano por la llamada de los dos amigos, carniceros de profesión, que no desamparan al jinete. "Conocemos al chaval. Se pasaba por la carnicería desesperado por la falta de trabajo. Nos preguntaba qué podía hacer. Le dije haz algo que llame la atención. Agarra el caballo, ropa de abrigo y vete para Alemania”. Pero no creían que el chico fuera a cumplir el consejo a rajatabla. “No pensábamos que lo iba a tomar en serio pero al otro día estaba listo. Lo llenamos de jamón y embutidos para el camino".

    Julián Burguillo y Rodrigo González son quienes le van trazando la ruta del viaje a Jesús. "Buscamos pueblos pequeños donde sean bien recibidos y les den un plato de comida y un sitio para dormir. No pide dinero y tampoco lo recibe para evitar cualquier picaresca. La gente se ha volcado a ayudarle".

    Aunque Burguillo se empieza a preocupar a medida que Jesús se acerca a la frontera. "En breve llegará a Francia y no tenemos ni idea de francés. El chico nos dice que no pasa nada, que él busca la manera de hacerse entender. Tiene mucho amor propio".

    En un principio Burguillo lo había bautizado como El jinete pálido por su delgadez y aparente fragilidad hasta que su colega Rodrigo encontró una descripción aún mejor: "Es El Quijote de Ávila".

    Jesús, por su parte, reflexiona sobre el apodo que le han adjudicado: "¿El Quijote? Me suena de la escuela. Era un aventurero, un filósofo que siempre estaba analizando el camino a seguir. En eso nos parecemos. Encuentro muchos caminos. Otra veces no, hay que ir a campo traviesa".

    "Hay mucha gente en el campo que lo está pasando mal. Parejas con hijos que están aguantando como pueden con la ayuda de sus padres o de sus suegros. Y, sin embargo, te dan un plato de comida. Es lo mejor que me ha pasado", asegura.

    Hasta el momento, lo peor es el frío. El invierno se acerca y es inevitable que con la nueva estación, también llegue un sentimiento cada vez más pronunciado de soledad. "Se echa de menos alguien con quien hablar. Un Sancho. Afortunadamente tengo WhatsApp", comenta aliviado a la vez que añade que no tiene novia "aunque hay una chica que me llama todos los días para saber cómo estoy. Se está preocupando mucho por mí".

    Sin embargo, en estos momentos, la principal preocupación emocional de Jesús es Campeón, su caballo. "Tiene que estar sano, comer bien. Hacemos jornadas de 20 ó 25 kilómetros pero intento no ir todo el día sobre él para no agotarlo. Es como si fuera mi hermano", asegura.

    En estos primeros trescientos kilómetros de trayecto tanto el jinete como su caballo han perdido peso: 10 y 25 kilos respectivamente. "Pero estamos fuertes. Campeón es un potro de raza española. La gente no cree que pueda hacer tantos kilómetros. Dicen que los caballos ingleses, árabes o hannoverianos son más resistentes y que el español es más blando. Puede ser verdad pero cada vez se está haciendo más duro", señala el jinete.

    Los ecos de su aventura ya resuenan por las provincias de Segovia y Burgos como una leyenda del lejano oeste. En los pueblos reconocen a Jesús y lo reciben entre aplausos y fotografías.

    A Jiménez le han contado que en Alemania el mundo del caballo es dos o tres veces más grande que en España y que siempre se necesita gente para domar, montar o simplemente limpiar cuadras. "Aunque me da igual, sólo quiero un trabajo. Pero no un trabajo ilegal ni de dos días. Si encuentro algo antes dejo de caminar", aclara.

    No sabe hablar inglés, francés y mucho menos alemán, pero confía en el lenguaje universal de las señas, con encontrarse a uno de los muchos españoles que han emigrado o, en último caso, con un alemán de los que veraniega en Mallorca y que, en última instancia, pueda echarle una mano con el español, aunque sea balbuceándolo.

    Sus amigos Burguillo y González ya le han abierto un perfil en Facebook para darle ánimos e ir subiendo las fotos que el caballista va tomando con su móvil. "Son mi apoyo. Sin ellos me vendría abajo. Todavía me queda jamón del que me dieron. Lo estoy guardando para los días más difíciles".


    Vídeo de Jesús Jiménez

     

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    Fuente e imagen: BBC Mundo, Juanjo Robledo

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