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    Adelitas - Las amazonas mexicanas

    ArtículoHistoria - Jinetesviernes 28 octubre 2011
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    Adelita era el nombre que recibía toda aquella mujer que tomó parte activa en la Revolución mexicana haciendo tareas de soldado, cocinera, enfermera o simple ayudante.

    Las adelitas, conocidas también como soldaderas, llegaron incluso a formar batallones revolucionarios enteramente femeninos, en un gesto que sin duda las sitúa en la vanguardia de las reivindicaciones de los derechos de la mujer. La pintora Frida Kahlo contribuyó a afianzar su relación con el movimiento revolucionario con su cuadro 'La Adelita, Pancho Villa y Frida', que muestra un tren ocupado por soldados de ambos sexos de camino al frente a través del valle de México.

    Terminada la revuelta, el nombre se incorporó al lenguaje popular como sinónimo de mujer que hace valer sus derechos en un entorno dominado por los valores machistas. En el México contemporáneo, las adelitas son también las mujeres que lucen el traje tradicional, vestimenta inspirada en la moda del siglo XIX. El nombre se aplica por extensión a las charras, que son la cara femenina del principal signo de identidad del país azteca, esos jinetes ataviados con gigantescos sombreros de época. Durante décadas, la charrería -básicamente un rodeo- fue patrimonio exclusivo de los hombres, pero el clamor social abrió a partir de 1991 las puertas a la participación de las mujeres.

    Es un espectáculo con un código muy complejo, en el que se valora especialmente la destreza sobre el caballo. Hay que lazar reses, saltar de un caballo a otro e incluso montar a un toro bravo. Resulta también de vital importancia mantener unos movimientos acompasados entre las amazonas que integran el equipo, generalmente ocho. Aquí, únicamente el fútbol puede competir en popularidad con la charrería. El fenómeno hunde sus raíces en una sociedad fuertemente rural que hace tiempo dejó de existir, pero su relación con las señas fundacionales de México lo acerca al público de ahora.

    También en EE UU

    Una de las razones del éxito de las adelitas radica en sus vistosas indumentarias. El texto que regula los atavíos que se pueden usar en el espectáculo ocupa decenas de folios y enumera minuciosamente desde la forma y las dimensiones que deben tener las espuelas hasta el tamaño y el material con el que se puede elaborar el sombrero, que cuesta nada menos que unos 600 dólares. Hay ya unos dos centenares de equipos femeninos y el fenómeno ha adquirido tal empuje que se ha extendido a Estados Unidos y Canadá, países donde también se han formado escuadras de mujeres.

    Las crónicas que llegan del otro lado del charco alaban la extraordinaria destreza hípica de las charras. Hay que tener en cuenta que las reglas impiden que las jinetes monten a horcajadas y obligan a sujetar el caballo a la usanza femenina, es decir, con las dos piernas en el mismo lado. Formar un buen equipo requiere una disciplina férrea. Areli Rivas, integrante de la escuadra Tuitán, del estado de Zacatecas, cuenta que entrenan durante tres horas tres días a la semana. «Siempre hay que mirar a las compañeras y estar muy concentradas porque si alguna comete un error repercute en todo». La celebración este mes del Campeonato Nacional Charro en Puebla ha hecho que el ritmo de los entrenamientos se intensifique. «Trabajamos más y el esfuerzo es muy grande, pero el momento de estar encima del caballo rodeada por el resto de las compañeras es indescriptible. La escaramuza -nombre que recibe el espectáculo protagonizado por las charras- es valor, elegancia, feminidad, compañerismo, orgullo, en definitiva, es ser mexicano».

    Durante la primera etapa de la conquista de América los indígenas tuvieron prohibido montar a caballo por el temor a una revuelta. La administración española solo concedía permisos de monta por razones excepcionales, aunque con el paso del tiempo la medida se relajó. Y así llegaron las adelitas y su corrido.

     

    Artículo e imagen publicados originalmente en eldiariomontanes.es el 9 de octubre de 2011

     

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