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    Christiane Gohl y Sarah Lark - La autora y la apasionada de los caballos

    ArtículoHistoria - Jinetesmartes 10 junio 2014
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    Christiane Gohl (también conocida como Sarah Lark, como principal pseudónimo, y como Elisabeth Rotemberger y Ricarda Jordan), habla del paisaje físico y humano que la rodea en Almería, donde vive, de los caballos, y de su trabajo, por el que es conocida en medio mundo: escritora.

    Cuando se le pregunta si tiene pensado ambientar alguna de sus obras en tierras andaluzas, la autora alemana comenta que ya lo hizo: "Escribí ya una novela ambientada aquí, una novela histórica sobre Mojácar en la Reconquista, basada en la historia de la fuente, pero no tuvo gran éxito en Alemania. Ahora espero a que vuelvan a mí los derechos para que se traduzca”.

    Se refiere a ‘Indalo’, o así lo llama ella porque su título original es ‘Der Palast del Sonne (Historischer Roman)’, novela histórica de Christiane Gohl, en nombre propio, sin pseudónimo esta vez.

    Aunque añade también que “me gusta mucho más esto que Nueva Zelanda, y claro que me encantaría escribir novelas ambientadas aquí, pero mis lectores quieren que mis personajes estén en Nueva Zelanda. Me ha pasado con las novelas del Caribe, que a mí me han gustado mucho, pero quienes me siguen conciben más mis historias en ese país oceánico de naturaleza única, con una historia corta, más pacífica que la de otros lugares, y con esa cultura maorí tan interesante".

    ¿Qué fue lo que la trajo?. “Me enamoró la zona desde la primera vez que vine, a Bédar para pasar unas vacaciones con caballos. Me pareció muy bella. Me encantó y pensé que estar aquí me resolvería además un problema muy serio que yo tenía en Alemania, el enorme frío que pasaba. Allí yo tenía frío todo el año. Bochum, mi ciudad es muy bonita, y la región igual, muy verde, llena de bosques... Pero llueve siempre y siempre hace frío.

    Además, en Alemania todo tiene mucho orden, todo está muy organizado, lo que tiene su lado bueno y su lado malo. Por ejemplo, está prohibido hacer casi todo con los caballos. Creen que es sólo una actividad de ricos. Aquí, no. Aquí a todos les gusta ver los caballos, aquí todos tienen afición a los caballos. Igual no los cuidan muy bien, pero a todos les gustan”.

    Christiane, o Sarah (“ya me he he acostumbrado a tener dos nombres”), ha buscado un ejemplo ligado a los caballos, que son su su otra media vida, su gran pasión y lo que la hace sentir completa, los caballos, a quienes dedica tanto tiempo como a escribir.

    De hecho, desde el patio interior de su casa se pueden escuchar los relinchos, que llegan acompañados de los perros y gatos que se mueven por toda la finca, la casa y el patio.

    “He hecho un refugio para caballos, desde ponis hasta pura raza. Siempre han hecho falta centros para la protección de los animales, pero desde que ha estallado la crisis, más. Hay muchas personas que ya no pueden atender sus caballos, que se ven obligados a darlos o, si los animales tienen algún problema, a sacrificarlos.

    Y a eso dedico una buena parte de mi tiempo, a ayudar a estos caballos que tanto me gustan. Y lo que lamento es no poder atender a más. ¡Me harían falta dos pisos!”.

    Es una mujer muy sonriente, cercana, cálida y que habla un español correcto y suficiente. “Una amiga de Málaga que se dedica a lo mismo que yo tiene setenta. Es un gran centro el Santa María. Nosotros sólo tenemos dieciséis. Trabajamos mucho con esa amiga, con ella y con quien tenga algo que decir en el mundo de los caballos. Vía Facebook, que maneja mi amiga Susana Salamanca, buena conocedora de las redes sociales, estamos en contacto con el mundo de los caballos. Nos traen ejemplares de Barcelona, de Málaga, también de por aquí.

    Algunos vienen en muy mal estado. Hemos llegado a encontrar una yegua, una potra realmente, tirada por sus dueños a la basura. La encontramos en el estiércol. Ahora está bien, la tengo en una clínica de Alicante”.

    Christiane/Sarah reconoce que últimamente hay buenos veterinarios en Almería y El Ejido, cosa que antes no era tan freecuente y por eso ella misma tuvo que aprender algunos concoimientos básicos de medicina animal.

    “De joven, me hubiera gustado estudiar Veterinaria, pero mis padres se empeñaron en que fuese maestra e hice Pedagogía y luego Psicología.

    Lo mejor que me ha dado ha sido mi conocimiento de la mente de la mujer, porque me sirve mucho como escritora. Hice la tesis sobre los sueños, dormidas y despiertas, de las chicas y mujeres, así que sé muy bien con lo que sueñan y, por lo tanto, lo que quieren leer”.

    Con el tiempo, al margen de la literatua, la autora ha logrado incorporar el mundo ecuestre a su vida. No sólo los cuida, también los doma. “Es muy difícil domar, es un arte. Los caballos que tienen malas experiencias con las personas tienen miedo y así es muy difícil trabajar con ellos”.

    Y, por supuesto, pasea con ellos: “Vamos por el campo, por el monte, por el Parque Natural. Sierra Cabrera es muy bonita. Abajo, en el río, hay lugares preciosos”.

    Ha escrito mucho sobre caballos y ha trabajado en una revista sobre caballos. Son la mitad de su mundo, el de la mañana. A su otra mitad, la literatura, le dedica las tardes.

    Y, ¿qué caballos hay en la finca?. Primero señala a los pequeños. “Son muy graciosos los ponis”, comenta sobre los dos ejemplares cuyo flequillo les cae sobre los ojos y aprovecha para aclarar la diferencia entre un caballo y un pony: “un metro y cuarenta y ocho centímetros”. Y aunque comenta que los del flequillo son ponis pequeños, también añade que “aquí tenemos varios en esa frontera del metro y medio”.

    Hay caballos de todos los tamañoa, a decir verdad. Los hay de tamaño mediano, pero otros son mucho más imponentes. Impresiona especialmente Aurora, “mi bebé”, comenta Christiane/Sarah de una yegua alta, de magnífica planta, preciosa, de ganadería muy conocida en la que querían sacrificarla “por no tener una belleza perfecta”.

    Luego van Lola y Alicia, Tosca, Vainilla, Charanga. La escritora dedica palabras muy especiales hacia la yegua afectada de un avanzado cáncer a la que está haciendo sobrevivir. Muchos de estos caballos son “casos sociales”, refiriéndose así a aquellos ejemplates que ha adoptado para salvarlos de una muerte segura.

    Sólo hay, sin embargo, un “caballo entero”, o sea, que puede fecundar, y lo tiene con una mula para asegurar que no haya crías. “Me gustaría criar, pero no tendría tiempo para domar. Domar es difícil, lleva mucho tiempo”.

    De caballo en caballo y de repente, ¡una llama!.

    “Son graciosas las llamas”, dice mientras se dirige a una para comentarle que ahora no le trae chchuerías. “Sobró del parque de Tabernas y aquí está. Es muy curiosa: de pronto se pone a hablar conmigo. Hace sus sonidos mirándome de cerca y muy fijamente. Le encantan las zanahorias”, comenta Christiane/Sarah mientras sonríe.

    Y cuando asoma el tema de los toros, la autora lo tiene claro: “Con todo lo que se habla en España de la imagen y la importancia que se le da a proyectar una imagen de modernidad, no sé cómo no se dan cuenta de la imagen tan poco moderna que da de España algo como la fiesta de los toros. Algunos me dicen que es simplemente una tradición, pero yo les digo que también era una tradición quemar a mujeres por ser brujas o tantos comportamientos con las mujeres que hemos desterrado.

    Sobre el paisaje que la envuelve, Sierra Cabrera, no tiene más que palabras de admiración: “Me encanta esta zona. Desde que vine a Bédar me enamoré de ella. En 1998 decidí venirme. Al principio sólo el invierno. Ahora ya el año entero. Voy a Alemania sólo en verano, a ver a algunos caballos que llevo allí porque sus pulmones no soportan el enorme calor de aquí.

    Al principio me establecí en Mojácar, al lado del mar. Y me encantaba. Nunca me ha molestado la gente. Había turistas, pero yo estaba bien, no me molestaban hasta que de pronto se desbordó todo: botellones continuos, ruido total, calles atestadas por las que ni se podía pasar. Y me vine aquí. Había comprado la finca años antes, aunque seguí allí de alquiler mientras pude. Ahora está imposible”.

    Ha visto cambiar el paisaje del Levante almeriense: “Hay demasiada construcción nueva, mucha ilegal. Yo misma y mis vecinos de arriba, que son ingleses”, señala a sur, hacia la sierra, “hemos tenido que luchar durante tres años contra una urbanización de dieciséis casas de madera ilegales que querían hacer aquí al lado. No tenían ni permiso, ni agua, ni conducciones, nada, todo ilegal.

    Lo denunciamos al Ayuntamiento, a la policía, al Seprona y al final hemos ganado. Como el que las promovía es extranjero, concretamente alemán, tal vez tenía menos contactos políticos que otros y tuvo que ceder”.

    Christiane Gohl/Sarah Lark disfruta mientras tanto de su rincón almeriense escribiendo y cuidando de sus caballos.

     

    Entrevista originalmente publicada en lavozdealmeria.es

    Imagen: sarahlark.es

     

     

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