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    Dora Pagani 'La Nena' - Amazona Argentina

    ArtículoHistoria - Jinetesviernes 08 marzo 2013
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    Dorita evoca con dulzura aquellos tiempos en los que presumía con motivo de ser una amazona precoz, pero segura y confiada de si misma Tanto que, como ella misma describe, se hizo amazona “a fuerza de golpes y de varías caídas”, que más de una vez preocuparon a sus padres, quienes temían por su integridad física.

    A pesar de ello, ningún accidente ni percance pudo nunca con su espíritu deportivo ni con su férrea voluntad de ser la mejor y poder competir al mismo nivel y con plena igualdad ante los hombres. Ciertamente lo logró en las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado.

    “La Yoyi”, como se la nombraba afectivamente, había vivido de pequeña en Buenos Aires, hasta que su familia retornó a Mendoza, Argentina, donde descubrió su pasión por la equitación, actividad que, aunque aprendió en 1961, empezó a practicar en 1966.  

    Para mejorar en su aprendizaje, se apuntó a la Escuela Mixta de Equitación  dirigida por Juan Pablo Burlot y a la que también asistían otras futuras amazonas que también dejaron huella en la historia de la hípica argentina como Rosalía Centeno y Liliana Peña.

    En agosto de 1969, en una de sus primeras entrevistas a la prensa, la por aquel entonces apodada “La Nena” dejaba entrever su fuerte empeño: “me inicié con perseverancia y coraje, con mucho empuje y dedicación en lo que hacía, por eso todavía estoy en mis primeros peldaños. En mi primer día no sabía ni por donde se subía al caballo, me moría de miedo y rebotaba como una pelota sobre la montura. Es muy fácil identificarse como mujer en el medio de un jardín con flores o con un bordado entre las manos. Yo lo que quiero demostrar es que también se puede estar encima de un caballo y compitiendo con los hombres, exactamente con sus mismas posibilidades”.

    Además, en aquellos tiempos la amazona debía combinar la hípica con su trabajo de contable y por la tarde en una casa de comercio del centro de la ciudad. Fue fruto de estos trabajos que, con sus primeros ahorros, pudo adquirir a “Flecha” su primer caballo, un bayo algo mayorcito, pero muy bien entrenado, temperamental y de excelente salto con el que Pagani alcanzó sus primeros éxitos.

    Posteriormente montó a “Taita”, luego a “Win” un potrillo joven, muy sensible, pura sangre, pelo zaino, de 1,74 metro de alzada, gran corredor, al que debió domar personalmente, al que nunca quiso vender y al que con todo el dolor del alma enterró un 30 de diciembre de 1973 el mismo día en que recibió la triste noticia de que el corcel había fallecido en su establo en el Club Hípico. Despuñes vinieron “Atamisky”, “Corralero”, “Carnaval”, “´Polero”, “Goya”, “Yoyó”, “Kasthoum” y “Pucará”.

    Con éste último Dora puso el broche final a sus dos décadas de brillo que la convirtieron en la amazona más prestigiosa de la historia hípica en Mendoza. Eso sí, sin perder un ápice de su humildad y sencillez. “Nunca me olvido que cuando empecé a saltar me temblaban las piernas. Quizás haya elegido un deporte difícil para una mujer, pero yo siempre me sentí muy bien así. Libre de cuerpo y alma, capaz de saltar con mi cabalgadura lo más alto posible. Me caí y me levanté muchas veces al mismo tiempo y me hice a fuerza de golpes. Cada concurso me dejó una enseñanza, cada torneo representó una nueva experiencia para mí. Llegué a representar a mi amado Club Hípico Mendoza en el orden nacional y a mi querido país en el ámbito internacional. Adoré a todos mis caballos por igual y sólo tengo palabras de agradecimiento para mis ocasionales adversarios y para el público en general que me honró y me distinguió con su incondicional apoyo”.

     

    Fuente e imagen: patagoniaequina.com.ar

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