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    El general Mariles y su caballo tuerto 'Arete'

    ArtículoHistoria - Jinetessábado 11 agosto 2012
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    El 29 de julio de 1948, Londres celebraba la décimo cuarta edición de los Juegos Olímpicos, los segundos celebrados en aquella ciudad inglesa, tras haber sido ya sede cuarenta años antes.

    En cuestión de equitación, una hazaña realizada por el equipo ecuestre mexicano, con el general Humberto Mariles a la cabeza, fue lo más destacado, pues el país centroamericano obtuvo dos medallas de oro, una de plata y dos más de bronce en dicha disciplina. Aunque a Mariles Cortés no le resultó sencillo conseguir las medallas y mucho menos poder acudir a la cita olímpica.

    Mariles era todo un jinete experimentado que en Berlín 1936 fue enviado a los Juegos con la intención de aprender todo para regresar al país y formar un equipo realmente competitivo para futuras competiciones. La Segunda Guerra Mundial frenó los eventos internacionales pero el parón permitió a Mariles trabajar a fondo con su equipo.

    Sin embargo, justo cuando todo parecía estar a su favor, unos días antes de partir rumbo a Londres, el entonces presidente de México, Miguel Alemán, le pidió no acudir a las Olimpiadas bajo el pretexto de que ‘no había nivel para ganar, y mucho menos si compiten con esas carretas de caballos y con ese tuerto’.

    El tuerto era ni más ni menos que “Arete”, el caballo que montaba precisamente Mariles y cuyo papel futuro sería decisivo en la consecución de los éxitos olímpicos.

    Arete había nacido en 1938, en Los Altos, Jalisco, en el rancho “Las Trancas”. Era un precioso potro alazán tostado bautizado con el nombre de ‘Arete’, debido a que había nacido con una hendidura en la oreja izquierda. Pero no era impedimento para que el caballo fuese adquirido por el Coronel Rocha Garibay y entrenado para participar en las competiciones ecuestres que en aquella época copaban los militares.

    Entre 1940 y 1945, ‘Arete’ se convirtió en un corcel muy popular debido al gran número de competiciones que llevaba ganadas. En 1947, el caballo pasó de manos, primero a un ingeniero y posteriormente a Casimiro Jean, cabeza del Club Hípico Francés. Allí, el animal pasó unos meses ‘en el olvido’ pues por alguna lesión ocular fue perdiendo vista en el ojo izquierdo y además, fue castrado, con lo que no existían muchas esperanzas en que el caballo volviese a ser el que fue.

    Por cosas del destino, su suerte dio un giro de 180 grados. En enero de 1948, Mariles visitó el Club Hípico Francés y en cuanto vio a ‘Arete’, se quedó prendado del animal. No dudó en montarlo y, como si de magia se tratara, la conexión entre ambos fue instantánea.

    Mariles se quedó con ‘Arete’, que sustituía a ‘Resorte’, caballo rápido, pero algo inseguro en los saltos. ‘Arete’, por el contrario, carecía de velocidad pero se mostraba potente y daba señales claras de tratarse de un buen saltador.

    A siete meses del inicio de los Juegos Olímpicos, Mariles dio el sprint final en los entrenamientos para lograr un buen nivel y óptimas condiciones. Durante esa preparación, el binomio llegó a ganar varios títulos en Italia y Suiza.

    En la prueba por equipos en la cita olímpica, hubo algún fallo que les situó en tercera posición, pero el recorrido de ‘Arete’ fue impecable, por ello consiguieron el oro en la prueba individual. Eran las mieles del éxito, que, tras las Olimpiadas, se verían culminadas con varios triunfos en Norteamérica.

    Desafortunadamente, la alegría no pudo durar mucho tiempo. Un día, ‘Arete’, jugando con un ejemplar argentino, ‘El Cordobés’, sufrió una grave fractura en la clavícula derecha. En opinión de los veterinarios, si se le operaba, ‘Arete’ estaría fuera de la competición de forma irreversible. Pero lo triste vino tras la operación, pues ‘Arete no consiguió despertarse por un exceso en la administración de la anestesia.

    Arete tuvo que ser sacrificado el 4 de febrero de 1952 y sus restos descansan en uno de los jardines del Centro Deportivo Olímpico Mexicano. La esposa de Mariles, Alicia Valdés, comentaba que el general no llegó a superar nunca la muerte de Arete, a pesar de competir en Helsinki 1952 con ‘Petrolero’.

    En marzo de 2009, el Comité Olímpico Mexicano (COM) rendía homenaje a este campeón olímpico con una escultura del general Mariles montando a ‘Arete’.

     

     

     

    Fuente e imagen: provincia.com.mx

     

     

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