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    Elke Lorenzen - Equinoterapia en Bolívia

    ArtículoHistoria - Jinetesdomingo 27 noviembre 2011
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    Doña Elke nos recibe en Tolomosita, en una amplia hacienda en un paraje hermoso y privilegiado, pese al ajetreo de todos los sábados, “a las doce cierra todo y tengo mil cosas por hacer”, nos dice con una sonrisa. Sin embargo, logra encontrar un hueco en su tiempo para atendernos y hablar de su gran pasión, los animales.

    Elke Lorenzen – Smid, es una alemana que llegó a Bolivia en 1975, y tras 25 años en La Paz se instaló en Tarija en 2005, “el clima es mucho mejor para nosotros y para los animales, me encanta el campo”. En su hacienda se dan cita vacas, cinco perros, un surtido acuario de peces y cualquier cantidad de pájaros, pero quienes ocupan especialmente su corazón son sus caballos. 

    “Ahora sólo tengo seis, porque ya he dejado la competición, además en Tarija no hay tanta afición como en La Paz o Santa Cruz, además las distancias son grandes para los niños que quieren aprender a montar”. Elke se ha dedicado siempre a la cría y doma de caballos. “Saltos, obstáculos, he sido campeona nacional varias veces y seleccionada para los Juegos Bolivarianos”.

    Sin embargo, Elke se siente muy satisfecha con el cambio dado y ha encontrado una nueva forma de utilizar sus caballos. A través de la equinoterapia está ayudando a muchos niños con síndrome de Down y autismo. “La equinoterapia descubre un mundo de sensaciones a estos niños que tienen dificultades de relación e interacción con el mundo. A través de la relación con el caballo los niños desarrollan todos sus sentidos, como el tacto y el olfato, además de otras habilidades, desarrollan la seguridad en sí mismos al montar, y la responsabilidad, ya que aprenden a limpiarlos y a ensillarlos”.

    En realidad, la señora Elke ha dispuesto toda su hacienda para trabajar estas terapias y no sólo los caballos. “Entran en relación con las flores, con otros animales como los peces o las gallinas. Lo importante es que los niños experimenten cosas, que sientan vida a su alrededor”, y en verdad es lo que se siente sentados en el porche.

    Hablando de sus caballos se nos pasa el tiempo, escuchando la pasión en su voz con la que habla de estos animales, “en el campo no los tratan muy bien, y lo que los caballos necesitan es ser tratados con cariño”, nos comenta, mientras bajamos al encuentro y observamos como habla con todos ellos, tanto en alemán como en español. “A lo que temen es a movimientos bruscos, y nada más”.

    Los ponis son dos, Popeye y Pitufo. Popeye, tarijeño de nacimiento, está de paso, pero Pitufo es su obra maestra. “Los ponis suelen tener muy mal carácter, sin embargo este es muy dócil, aguanta las travesuras de los niños imprudentes, no patea, se para si el niño se desestabiliza, una joya”. Es el que utiliza para las clases.

    Amadeus es un pura sangre de cinco años con el que trabaja y enseña a montar. “Amadeus aún está creciendo (crecen hasta los seis), los otros se han quedado en el 1,62, que es asumible para un caballo” y también se emplea en la equinoterapia.

    Pinto y Casandra son dos percherones “muy educados y muy trabajadores, los utilizo para todo, para arar y para montar”.

    Pero la niña de sus ojos es Doña Flor. “Argentina de nacimiento pero perfectamente aclimatada a la altura en La Paz, jubilada hace más de 15 años”.  Doña Elke nos explica que un caballo, “con 18 años ya es muy viejo, con 25 están más que jubilados… la dama tiene 36, y sigue llena de vida. Hace años que se le cayeron los dientes pero sigue con mucha vitalidad y sana. Parece que el clima le beneficia mucho aquí”.

    Otro de sus animales predilectos es la vaquita Mili, “de Milagros, su mamá murió al nacer hace dos meses y ella inexplicablemente sobrevivió, la estamos alimentando con mamadera, seis litros al día”, habla entusiasmada, “no quiere estar con las otras vacas y se baja con los caballos, me persigue todo el día allá donde voy”.

    Doña Elke abre sus puertas a todos los niños con problemas de autismo o síndrome de Down que quieran aventurarse en la equinoterapia. “No quiero ganar dinero con esto, necesariamente tiene que haber un intercambio de energía, las familias me traen cosas para mi casa, una flor o una herramienta”, dice agradecida y satisfecha por poder poner en práctica esta novedosa terapia tan positiva para la estimulación de los niños.

     

     

    Artículo originalmente publicado por Jesús Cantín en elnacionaltarija.com el 21/11/2011

     


     

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