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    Mariano Fernández - Centro Ecuestre Ormazarreta

    ArtículoHistoria - Jinetesviernes 25 octubre 2013
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    Mariano Fernández nació en Fitero, Navarra, hace 56 años. Tras trabajar en varios empleos decidió dedicarse por completo a su gran pasión, los caballos, cuando abrió el picadero Ormazarreta, de Legazpi, en Gupúzcoa.

     

    ¿Qué tiene el mundo de los caballos que le atrae tanto?

    Mi afición viene de toda la vida. En casa siempre hemos tenido caballos. Los utilizábamos para trabajar en el campo. Me ha tocado trabajar mucho con ellos. Desde crío. Siendo mozo me fui metiendo un poco más en este mundo: participé en varios concursos de acoso y derribo, me dediqué a cuidar caballos para la gente...

    ¿Cuándo aprendió a montar?

    Siendo un crío. Teniendo caballos en casa, es lo normal. Después fui aprendiendo una cosa de uno y otra de otro. Poco a poco fui convirtiéndome en un experto. Recuerdo que siendo bien niño me sacaron una foto con el caballo de un amigo. Se ponía sobre dos patas y todos queríamos sacarnos fotos con él.

    ¿Tuvo algún maestro que recuerde especialmente?

    Sí. Un señor mayor de Tudela. Tiene 78 años ya, pero sigue montando a caballo. Verle montar a aquel señor era algo impresionante. Tenía mucha clase, señorío.

    ¿Qué tienen los caballos que le atraen tanto?

    Lo tienen todo (se emociona). No hay más que verlos. Traer un ejemplar joven y conseguir dominarlo es algo muy bonito.

    ¿Es un animal tan noble como parece?

    Es incluso más noble de lo que parece y dicen. Es muy superior a nosotros, en inteligencia, en belleza... en todo. Se le exige mucho y pide muy poco. Cede a todo lo que se le pide.

    Habrá tenido muchos caballos. ¿Cuál es el que recuerda con especial cariño?

    Una yegua llamada Txiki. Era muy buena e incluso gané alguna copa con ella. Ya murió. Cuando muere un animal con el que has pasado tantas horas, se sufre mucho. Deja un gran vacío. Una parte de ti se va con él.

    ¿Usted también susurra a los caballos, como Robert Redford?

    He visto la película varias veces y hay escenas que impresionan. Se acercan mucho a la realidad. A los caballos hay que convencerlos. Hay mucha gente que hace doma natural. En cuatro o cinco horas son capaces de coger un potro y domarlo. Es algo realmente impresionante.

    ¿Ha viajado mucho para ver caballos o aprender de otros profesionales?

    Sí. En este trabajo se viaja mucho y se conoce a mucha gente. Continuamente estás buscando lo que te interesa. Sobre todo, ver cómo monta la gente. En Valladolid y en Soria, por ejemplo, hay muy buenos jinetes.

    ¿Cuál es su raza favorita?

    El caballo español. Es el más noble. Cada caballo tiene sus características y el que se dedica a doma clásica y saltos, por ejemplo, busca un caballo inglés. Pero para paseo es mejor el español, pues es más noble. Los árabes son muy bonitos, pero muy vivos. Para los raid están muy bien, pero dan más trabajo.

    ¿Suele seguir las carreras?

    Las carreras no me han gustado nunca. Mi mundo es el paseo y el campo. Me gusta disfrutar del caballo, no meterme en una pista y machacarme. El mundo de las competiciones es muy caro y duro. Participé en concursos de doma vaquera, pero lo dejé.

    En primavera compitió contra tres ciclistas de Legazpi y les ganó de calle.

    Eso es otra cosa. Son cosas que se organizan en el pueblo y en las que hay que participar. También tomamos parte en la tamborrada y en el alarde, ofrecimos una exhibición en las calles de Legazpi...

    ¿Hay afición?

    En la zona de la Ribera este mundo es muy machista y montan solo los hombres. Aquí montan mucho más las mujeres. Este verano han venido unas 20 chavalas y solo cuatro chavales. La mayoría de la gente se engancha. Les enseñamos a montar en la pista y después les sacamos al monte.

    Su mujer también monta a caballo.

    Le conocí gracias a los caballos. Su madre tenía problemas de bronquios y solían ir a la Ribera. Tenían un caballo y la conocí en el picadero. Eso sí, la primera vez que me dirigí a ella no se bajó del caballo para cruzarme la cara de milagro. Le dije a ver si se había peinado con la escoba y me dirigió tal mirada que se me fueron las ganas de seguir bromeando.

     

     

    Fuente e imagen: noticiasdegipuzkoa.com

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