Más de 100 años de la Yeguada Domecq Ybarra

ArtículoHistoria - Jineteslunes 30 junio 2014
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El Jerez de 1910 podía presumir de haber construido un ferrocarril urbano que conectaba varias bodegas del casco histórico. Pero además, desde mediados del siglo anterior, la ciudad contaba ya con alumbrado de gas y agua corriente.

Como dato interesante, en 1890, Jerez se convirtió en la primera ciudad española con electricidad cuando se instalaron varias farolas cerca del edificio del Ayuntamiento. Parece ser que otro municipio, Haro, en La Rioja, instaló la electricidad casi al mismo tiempo, por lo que, en 1990, para conmemorar los cien años de este acontecimiento, se inició un proceso de hermanamiento entre ambas ciudades que fracasó por circunstancias protocolarias.

Pero volvamos a Jerez, Por aquella época, finales del siglo XIX y principios del XX, la sociedad jerezana evidenciaba una estructura dual: la burguesía, en la que se integraban los grandes propietarios, los exportadores de vinos y buena parte de la nobleza; y en el otro extremo, la clase popular: el proletariado rural y urbano.

Además, a comienzos del nuevo siglo llegó a Jerez una plaga que destrozó las cepas europeas y fue causa de una profunda crisis en todas aquellas ciudades cuyas economías dependían del vino. Jerez superó el bache replantando sus viñas con vides americanas, actualizó su estructura agraria y diversificó su industria.

Fue en este contexto histórico cuando nacieron dos importantes ganaderías de caballos, pertenecientes a dos familias de la burguesía jerezana y andaluza. En 1910 apareció la ganadería del Marqués de Domecq, que buscaba caballos cruzados útiles para las labores ganaderas y también para el ocio y el paseo. Son los actuales caballos de Casa Domecq, ejemplares hispanoárabes de gran alzada, con mucha sangre y altamente valorados en el mundo ecuestre.

Siete más tarde, el sevillano Luis Ybarra Ybarra se aventuraba en la cría del caballo árabe gracias a la aportación de Yeguada Militar. Por aquellas fechas, el ejército español había creado la Sección de Pura Raza Árabe y una delegación de militares trajeron de Oriente a los mejores caballos árabes. De Siria, Turquía, Egipto, Rusia y de Iraq llegaron a España caballos de la talla de 'Wan Dyck', 'Ursus' o 'Sanderich'. Si bien eran ejemplares que contaban con papeles de árabes, no eran lo que hoy en día se entiende por un caballo árabe. Los militares añadieron posteriormente adquisiciones del Duque de Veragua y de Ybarra.

El caso es que, actualmente, estos antepasados equinos siguen presentes en los orígenes de las ganaderías de Casa Domecq y de Luis Ybarra, que posteriormente se fusionaron gracias al matrimonio entre Luis Domecq y María Isabel Ybarra. De esta manera se creó la yeguada Domecq Ybarra, dando pie a una de las ganaderías de caballos árabes más importantes del mundo.

La dirección de la yeguada Domecq Ybarra estuvo a cargo de Luis Domecq Rivero hasta 1997, tras dedicar toda su vida a la cría del caballo. En reconocimiento, la ciudad otorgó el trofeo Caballo de Oro al matrimonio Domecq Ybarra en 1983.

En 1997, uno de los hijos del matrimonio, Nicolás, tomó el mando de la ganadería. Nicolás aprendió mucho de su padre y siempre mostró un profundo interés en aprender a criar y a seleccionar los mejores ejemplares de Pura Raza Árabe. En la actualidad, Nicolás sigue al frente de la yeguada Domecq Ybarra y en el año 2000 decidió trasladar la ganadería a sus instalaciones actuales, las vastas praderas de Martelilla, desde donde se divisa la Laguna de Medina.

Ya ha pasado más de un siglo desde que el Marqués de Domecq iniciara la saga de este hierro. Aquellos primeros potros tenían poca alzada, cuellos poco refinados, aplomos deficientes y un perfil facial que nada tiene que ver con lo que actualmente se valora en la raza árabe. Afortunadamente, atesoraban un patrimonio genético moldeable al gusto de cada criador.

De hecho, Nicolás aún sigue buscando el caballo perfecto pues denada le convencen los ocho Campeón de Campeones que ha criado: "Tenemos que mejorar aún más el perfil de la cara. El ganadero y comprador está exigiendo un jibbah más exagerado. Yo no pretendo llegar a tanto, porque tampoco me gusta, pero soy consciente de que tengo que refinar más la cara. Por suerte, ya nos están naciendo potros con unas caras más achatadas, que es lo que busca el cliente", explica el ganadero.

De lo que sí está convencido Nicolás Domecq Ybarra es que el caballo de Pura Raza Árabe es el más bello. Preguntado sobre por qué cría esta raza y no otra: "Es el más bonito", afirma con una sonrisa de oraja a oreja. Y si siguen la línea Domecq Ybarra son, además, los más puros.

Esta centenaria ganadería es de las pocas yeguadas españolas de caballos árabes que se resiste a alterar la estirpe del pure spanish. Por pureza española se entiende la línea de caballos de Pura Raza Árabe criados a partir de los sementales que Yeguada Militar adquirió en Oriente y que es la base genética de la cabaña equina nacional.

Por el contrario, hay criadores de caballos árabes que hace años se abrieron al mundo y comenzaron a mezclar la sangre de sus ejemplares con sementales árabes provenientes de Francia, Brasil, Inglaterra o Alemania.

Domecq Ybarra insiste en que los suyos son españoles. Y, más concretamente, jerezanos. En otros países han se basa la selección en exagerar el perfil facial con menoscabo de su estructura ósea y morfológica, que se debilita con cada mezcla.

En cambio, las yeguas de vientre de Domecq Ybarra son fuertes, robustas, de la campiña andaluza, pero conservando su resistencia sacada del desierto arábigo.

Por otra parte, la yeguada Domecq Ybarra se está viendo afectada por la crisis económica. Tanto es así que la cabaña del ganadero se ha visto reducida en los últimos años casi al cincuenta por ciento. En la actualidad, en la finca San Luis, en Martelilla, pastan dieciséis yeguas, cuatro sementales y siete potros y potras.

Afortunadamente, el auge que viene experimentando la cría del caballo hispanoárabe en los últimos tiempos está siendo favorable para los ganaderos de raza árabe. Esta otra raza puramente andaluza, está revitalizando la actividad en las yeguadas de caballos árabes como la de Domecq Ybarra, a la que la mayoría de ganaderos noveles acude en busca de la mejor sangre árabe.

La calidad de esta ganadería viene avalada por los innumerables premios conseguidos, entre los que destacan 14 campeones de España, 13 subcampeones, 8 Campeón de Campeones en la Feria del Caballo de Jerez, 5 copas de S. M. el Rey y 16 premios internacionales, entre otros.

Y. sin duda, también tienen un buen peso los cien años de trabajo, de historia, de mantener vivo un apellido y una raza con la dedicación de varias generaciones.

 

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Fuente: diariodejerez.es

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