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    Mercedes Vega - ex-Jockey y actual domadora de caballos

    ArtículoHistoria - Jineteslunes 18 junio 2012
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    Mercedes Vega, natural de Vigo y de 26 años, ha llevado, a su joven edad, una vida bien curiosa, y siempre rodeada de caballos difíciles, fracturas múltiples, retos duros que ha ido venciendo gracias a su gran perseverancia.

    Actualmente, en su localidad natal, se dedica a la doma de caballos tras haber sido jockey (o joquette) llegando a montar hasta siete mil caballos en el Hipódromo de la Zarzuela.

    Su idilio con el mundo del caballo comenzó muy pronto. «Entré en esto por culpa de un caballo. De pequeña me flasheó. Dije, que caballo más potente, difícil y complicado, era como un Ferrari», recuerda. Años después, cuando trabajaba en Vigo como camarera a la vez que vendía caballos por Internet, recibió una propuesta de un preparador de San Sebastián para montar.

    Ahí empezó su periplo. Y es que primero tuvo que empadronarse en Madrid capital y enfrentarse a apellidos ilustres en las pruebas. Vega no había recibido jamás clases de equitación ni nada parecido. Por ello, tras la prueba creyó erróneamente que sería descartada. El siguiente lunes comenzaba en La Zarzuela.

    Sin embargo, la vida en el hipódromo no era de color de rosa ni mucho menos. «Para los que veníamos de últimos lo que había era lo peor, con caballos que sabías que te ibas a meter una leche en competición. O hacías todo lo peor o no podías llegar a lo más alto».

    Durante ese tiempo la amazona pudo trabajar y tratar de cerca con caballos imposibles, como Xamuray. «Ha sido el peor caballo que he montado con diferencia». No era para menos, pues el pobre equino había recibido palizas brutales, estaba castrado y tenía la lengua partida. Motivo por el que era comprensible que el caballo no quisiera ningún tipo de rato con el ser humano. «Se ponía a botar como un loco con las cuatro patas en el aire y retorciéndose como si fuera un gato escaldado. Daba saltos y chocaba contra los caballos de la pista, se ponía a galopar y se daba media vuelta y se ponía a chocar eso era a diario, hasta que pasó un año y pico el caballo no se comenzó a tranquilizar y a ser más noble».

    Hubo una época enla que tuvo que entrenarlo llevando ella un vendaje de compresión porque se había quedado sin músculos después «de comerme una valla de 100 metros». Peor no había sido con este caballo, sino con una yegua indomable propiedad de un portugués.

    Aunque pueda sonar a aventura, lo cierto es que estas prácticas eran de un riesgo altísimo. Vega tuvo mucha suerte, pues una compañera suya en San Sebastián terminó tetrapléjica y otra murió tras un impacto. De modo que en 2009 decidió dejar de correr tras llevar un ritmo alocado. Llegaba a montar hasta diez caballos en un día, levantándose a las cinco de la mañana y trabajando sin descanso hasta las tres de la tarde.

    Tras pasar un año en Guipúzcoa trabajando con un preparador, regresó a Vigo donde actualmente se gana la vida atendiendo a una quincena de caballos. «No tengo unas instalaciones impresionantes, me tengo que apañar con una cuerda y tres cosillas. No hago milagros pero después de haber montado a siete mil caballos distintos, tiras de experiencia».

     

     

    Fuente e imagen: lavozdegalicia.es

     

     

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