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    Toni Subirana - jinete y entrenador de saltos

    ArtículoHistoria - Jinetesviernes 04 octubre 2013
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    Toni Subirana empezó a ofrecer clases de saltos en el Real Club de Polo de Barcelona con apenas 18 años y ahora, a los 47, aún sigue al pie del cañón. Además, tiene fama de saber tratar con los casos difíciles.

    Este año no compite en el Concurso de Saltos (CSIO), que en esta edición coincide por primera vez con la final de la Copa de las Naciones ya que no puede permitirse el caballo que le gustaría.

     

    Menuda reunión de ricos, famosos y jeques árabes hay durante el CSIO. Claro que usted ya estará acostumbrado...

    Al final son personas, simplemente unos tienen más dinero que otros. Esta competición tiene el nivel de unos Juegos o de un Mundial, es como la fórmula 1 de la hípica y hay caballos que valen una barbaridad. Pero la gente que compite en el Polo hace grandes sacrificios por su afición. Choca en un deporte de élite, pero en realidad aquí siempre huele a sudor, está todo cubierto de polvo y huele a caca de caballo, como en el circo.

    Usted montó antes a caballo que en bici.

    Empecé con 6 años, en un pequeño picadero de Castelldefels, y desde entonces ya solo pude pensar en caballos. Lo mío no era estudiar -creo que tenía déficit de atención, que en aquella época se curaba con un capón del profesor- y agradeceré toda la vida a mis padres que me dejaran seguir este camino que me ha dado tanta felicidad.

    Sus amigos pedían una moto a sus padres; usted, un caballo.

    El precio era más o menos el  mismo, pero el problema era el mantenimiento. Al principio, los propietarios de caballos me los daban a mí para que se los trabajara y compitiera. Al final mis padres me vieron tan motivado que hicieron un sacrificio y me compraron el que fue mi mejor caballo.

    ¿Cómo se llamaba?

    Daktari. Era una yegua muy pequeñita, flexible como un gato y con muchísima sangre. Era complicada para otros jinetes porque era muy sensible, pero yo me entendí con ella enseguida. Era una preciosidad, toda negra, como los purasangre de  las pinturas. Con Daktari competí todos los torneos internacionales en España.

    ¿Qué pasó con ella?

    Tuve que venderla para poder ir a aprender a Inglaterra con el entrenador del equipo de saltos. Si te dedicas a esto, mejor que no te encariñes mucho con los animales.

    Ya.

    Yo era muy tímido, pero aventurero. Mi obsesión era aprender en Estados Unidos y viajé varias veces hasta allí con poca cosa más que mis botas de montar. Buscaba trabajo a cambio de que me enseñaran. Me levantaba de madrugada para limpiar cuadras y preparar caballos, viví en una caravana y llegué a montar 18 caballos cada día y a competir a alto  nivel. ¡Hacía lo que a la gente le cuesta una fortuna sin tener un duro! Al final, los mejores profesores son los caballos, y cuantos más montas, más aprendes. En cuanto me subo a uno enseguida sé lo que necesita.

    ¿Y sus alumnos? ¿Cómo son?

    Hay de todo: niños, médicos, psicólogos, grandes directivos... La equitación, y el salto en particular, es un reto contigo mismo. Tienes que luchar contra tus miedos porque, si lo haces mal, además de no obtener un buen resultado te puedes hacer mucho daño. El jinete más valiente no es el más agresivo sino el más sereno, el que domina con más suavidad al caballo. Hay que trabajar a favor de los instintos del animal. La mejor forma de que haga lo que quieres es invitarle a hacerlo, no obligarlo.

    Mira, como las personas.

    Igual.

     

     

    Fuente e imagen: elperiodico.com

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