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    Un día en el rodaje de 'Jappeloup'

    ArtículoHistoria - Jinetesjueves 17 noviembre 2011
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    A las seis de la mañana, una muchedumbre de figurantes somnolientos caminan por las carpas habilitadas en el exterior de Son Pardo. Tras las cortinas, el vestuario. Apenas un café y media hora más tarde a gritar y a agitar banderolas con la misma ilusión que en su día hicieron aquellos que vibraron con la participación de los suyos en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84.

    "Te cansas, es inevitable. Pasamos muchas horas haciendo lo mismo, en distintas posiciones, pero ya sabíamos a lo que veníamos", comenta uno de los anónimos extras que prefiere seguir siéndolo. Así avanza, al galope, Jappeloup, la cinta francesa cuyo rodaje ha alterado la vida de los usuarios del Hipódromo de Palma.

    El ir y venir de curiosos es constante. Quién más quién menos, intenta adivinar entre las rejas si áquel joven que monta a caballo y que recibe aplausos es o no Guillaume Canet. Y sí. El actor francés, que empezó a trabajar a las órdenes del cineasta canadiense Christian Duguay el martes de la semana pasada, fue absoluto protagonista, aunque muchos confundieran a un miembro del equipo artístico de la película con Daniel Auteuil, el otro actor principal.

    Vestido como un jinete de la época, con un cambio incluido de imagen, Canet, experto jóckey, aguantó el calor a lomos del trotón. Primeros planos, generales y algún que otro susto a modo de coz que en el metraje final apenas supondrá tres o cuatro minutos.

    Fue una larga jornada de trabajo en la que por fin, y gracias a que el sol lució radiante, se pudieron filmar diversas tomas, entre ellas, las pruebas de salto que simulaban ser las que tuvieron lugar en el hipódromo de Santa Anita en Los Ángeles y la caída -rodada por un especialista- de Jappeloup, sobre la pista, tal y como le ocurrió en la vida real a Pierre Durand, que estos días llegará a la isla para seguir los pormenores de la grabación sobre su historia y su leyenda.

    La presentación de cada jinete que saltaba a escena era aplaudida y vitoreada constantemente a la orden de acción por los figurantes, que se iban moviendo por loa distintos asientos de la grada según el ángulo de filmación. Y hubo muchos. No llenaban todo el aforo pero eso se solucionará después en post-producción y con el chroma. Cosas de la tecnología.

    No falta detalle en Son Pardo. Desde las banderas de los países participantes -la de Canadá, por cierto, al revés- a las ambulancias y coches de la época perfectamente rotulados en inglés. Eso sí, a la hora de la pausa y la comida, menú cien por cien autóctono. Es el momento del relax, a pesar de que el excesivo celo del equipo de producción por impedir que se capten imágenes del rodaje causen situaciones incómodas.

     

    Artículo originalmente publicado en diariodemallorca.es por Vanessa Sánchez.

    Imagen: diariodemallorca.es/G. Bosch

     


     

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