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    Vikki Chamberlain - Experta en comunicación y psicología del caballo

    ArtículoHistoria - Jineteslunes 28 abril 2014
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    Vikki ni siquiera ha visto la película El hombre que susurraba a los caballos. Está totalmente centrada en la enseñanza. Quiere transmitir todo lo que ha aprendido sobre un animal por el que siente verdadera predilección.

    Además, esta experta en comunicación y psicología equina, apuesta fuerte por la doma natural.

     

    ¿Qué supone en su vida el caballo?

    Es un ser que solo busca vivir en paz y estar tranquilo. Los caballos pretenden colaborar de forma no agresiva con los que les rodean. Eso aporta mucha tranquilidad a los seres humanos y permite aprender mucho de ellos.

    ¿Cuándo surgió ese amor tan especial por este animal?

    Creo que nací con ello. Desde muy pequeñita me he visto y me he visualizado con caballos. Cuando veía un caballo, salía corriendo a verlo.

    Desde un pequeño pueblo del norte de Inglaterra hasta Bedia. ¿Cuándo y por qué vino a Bizkaia?

    Vine en 1984 para inicialmente dar clases de inglés, pero casi de inmediato tuve que buscarme un caballo, porque me di cuenta de que no podía vivir sin ellos. Empecé de forma voluntaria a dar clases de hípica y fue en 1995 cuando empecé a trabajar como profesora de equitación de manera más profesional.

    Y después de tantos años en tierras vizcainas, ¿qué le aporta este lugar?

    Es un sitio perfecto para mí, adoro Bizkaia. Desde el primer momento, la gente me ha hecho sentir que estoy en mi casa. En Bizkaia tenemos mucho monte, no hay tantos sitios de pasto como en otros lugares. Somos muy afortunados y es un clima muy apropiado para los caballos.

    ¿Se acuerda del primer caballo que tuvo en Bizkaia?

    ¡Por supuesto! Nunca lo olvidaré... Se llamaba Berrintxe. Tenía diez años cuando lo compré y había sido víctima de malos tratos. Se murió el año pasado con 38 años. Juntos hemos vivido muchas aventuras, hacíamos absolutamente todo el uno con el otro. Ha sido el caballo de mi vida.

    ¿De quién ha aprendido tanto sobre los caballos?

    Los mismos caballos me han enseñado todo. Cuando era pequeña no tenía profesores y me las arreglaba como podía. Hace quince años, empecé a sentir que lo que hacía con los caballos estaba bien, pero me faltaban muchos conocimientos. Sabía montar y enseñar a la gente a montar; sin embargo, me faltaba el ingrediente de saber qué era el caballo de verdad. Empecé a estudiar por mi cuenta y descubrí a un señor americano, Monty Roberts. También he ido a Inglaterra a hacer varios cursos sobre equitación inteligente con Kelly Marks. Lo cierto es que cada día aprendo algo nuevo.

    ¿Cómo es su lugar de trabajo, el caserío de Munitibar?

    Un señor nos deja sus campas y es allí donde tengo dos caballos: uno es joven y el otro no puede ser montado porque se lesionó, aunque hacemos muchas actividades en tierra con él. Tengo también dos caballos de dos chicas que querían que sus animales vivieran en un entorno más natural. También tenemos una pista redonda de arena y lugares para dar bonitos paseos. Aun así, la mayor parte de mi trabajo consiste en salir a las casas de la gente para enseñar la doma natural adaptada.

    ¿En qué consiste esa doma?

    Los caballos reaccionan a nuestros niveles de energía. No es el ser humano quien da órdenes, sino que la persona indica o sugiere al caballo. Todo eso se puede transmitir montando o en tierra. Es una forma de vivir. Además, todo lo que aprendemos con los caballos entra en casi todas las facetas de nuestras vidas.

    ¿Entiende, entonces, que la fusta no es necesaria para domar?

    La fusta para mí representa un símbolo de obediencia: si no haces lo que te digo, te voy a pegar. Pienso que nadie tiene derecho a plantear eso. Me parece mal que lo normal sea poner fustas en las manos de los niños. Aun así, hay profesionales excelentes que saben utilizar la fusta como un pequeño indicador, tocando suave al caballo para matizar una señal.

    ¿Cree que la sociedad tiene una idea equivocada de la doma natural?

    La gente tiene una imagen un poco mística o hippie, pero es algo mucho más sentido; lo que importa es el trato diario con el caballo.

    ¿Cree que se sigue asociando la hípica a la sociedad elitista?

    Los caballos pueden ser accesibles para mucha gente: yo nunca he tenido dinero y, en cambio, siempre he tenido un caballo. La hípica de competición sí se asocia a personas de alto nivel adquisitivo: y es que si mirásemos las cifras que involucra tener un caballo de competición, hay pocas personas que podrían afrontarlo. Sin embargo, con un poco de imaginación y mucho trabajo, se puede conseguir hacer cosas muy interesantes con los caballos.

    Además de la doma natural adaptada, en su empresa, Zaldicom, también se oferta el barefoot. ¿Qué es?

    Lo realiza mi hijo Charly: ayuda a cuidar y arreglar los cascos de los caballos que no llevan herraduras. Muchos caballos pueden vivir sin tener que llevarlas.

    ¿Cuál es la actual situación de la hípica en Bizkaia?

    Cada vez hay más gente interesada en el caballo, si lo comparamos con la situación de hace treinta años. La gente está empezando a buscar formas más didácticas de enseñar a los caballos. El respeto hacia el animal y la búsqueda para hacer las cosas de otra manera está mejorando, pero queda camino por recorrer.

    ¿Piensa que en la actualidad falta tranquilidad?

    Vivimos en una sociedad en la que todo tiene que ser fácil y ahora. Necesitamos aprender a parar y a respirar, para escuchar a los caballos y a la naturaleza. De este modo, viviríamos mucho mejor.

     

     

    Fuente e imagen: deia.com

     

     

     

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