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    Equinoterapia en la Residencia de Personas Mayores Amma de Tenerife

    ArtículoProductos y Servicios Equinosmiércoles 12 junio 2013
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    En la Residencia Amma de Santa Cruz de Tenerife han querido introducir una actividad diferente entre los servicios que ofrecen a los ancianos: terapia asistida con caballos al aire libre. Así, consiguen mejorar no sólo el estado físico de los pacientes sino también su estado anímico, de vital importancia.

    Además de los perros, gatos o pajarillos que suelen ser asociados a la imagen de persona mayor, los caballos también pueden ejercer funciones de acompañamiento físico y psicológico, ya que su simple respiración puede relajar y mejorar la atención.

    Una vez al mes, los residentes de Amma realizan una sesión de terapia equina. Ese d’ia es diferente y especial. Se levantan temprano, se visten con ropa cómoda y suben a los coches que los llevan al Centro Hípico La Cordillera, en Guamasa.

    Una vez allí, los acomodan en las gradas, protegiéndolos del sol con grandes paraguas, esperando su turno para poder disfrutar del caballo. "No podemos aferrarnos a un horario porque con ellos nunca se sabe", comenta una de las gerocultoras que acompaña al grupo.

    Laura de la Rosa es una joven fisioterapeuta trabajadora de la residencia que monta a caballo desde pequeña. "Quise unir las dos cosas que me gustaban". Ahora se encarga de monitorizar estas sesiones de rehabilitación.

    Algunos de los mayores no parecen tener las cosas claras. "Yo no me subo, que ya estoy muy mayor para eso", comenta una de las residentes. "Yo tampoco, que mi tiempo para montar a caballo ya pasó", añade otra. Pero eso no es problema. Estar cerca de un caballo no es sinónimo de tener que montarse en él. De la Rosa lo entiende. "Nos adaptamos a ellos. No tienen por qué subirse todos. Tocarlos o peinarlos también les sirve".

    Son casos distintos a José Manuel Afonso, quien no duda en afrontar el reto de intentar subirse a la yegua mientras le vitorean sus compañeros. Al grito de "¡Valiente!",

    Alfonso se acerca pasito a pasito ya que el Parkinson le produce dificultades al andar. Una vez junto al imponente equino, comienza a acariciarlo sin pronunciar una palabra mientras los asistentes se disponen a aupar al inexperto jinete. De un empujón consiguen que Afonso se suba a la yegua, momento en que pronuncia las primeras palabras del día: "Coño, coño, coño", que es todo lo que el susto le permite exclamar.

    Aferrado a las crines, De la Rosa lo calma hasta que consigue relajarlo. Poco a poco va enderezándose. "El movimiento que haces con la cadera al estar subido es igual al que hacemos al andar. Así recuerdan cómo deben de moverse", señala De la Rosa. "Además, al tener que estar derecho para no perder el equilibrio, conseguimos que su centro de gravedad deje de ser el parkinsoniano, hacia adelante, y vuelva a su sitio".

    Afonso se relaja cada vez más conforme entabla confianza con Ina Dancing, una yegua de hipódromo de 13 años educada por la propia fisioterapeuta para labores de rehabilitación de estos pacientes además de disminuidos psíquicos y niños en general. "Los más pequeños que padecen hiperactividad montados en Ina se relajan y por fuerza tienen que estar tranquilos, porque si no ella se pone nerviosa y podría tirarlos", comenta De la Rosa. "Para otro tipo de patología usamos a Margarita, una yegua más baja y ancha que Ina para que les sea más fácil subirse", añade la joven.

    "Venimos una vez al mes en grupos de 15 a 20 personas, aunque alguno no quiere subirse se acaban animando" comenta Ana Díaz Armas, la directora de la Residencia.

    Los principales beneficios que se consiguen con el contacto ecuestre es la relajación y estimulación muscular mediante el calor corporal del caballo. También se mejora el equilibrio y la postura gracias a los impulsos rítmicos del animal, que incluso contribuyen a la rehabilitación neuromotora. Los beneficios psicoterapéuticos se consiguen al caminar hacia delante montados en la yegua, lo cual ejerce una influencia positiva en pacientes depresivos o angustiados. La relación de personas mayores con animales mejora la autoestima, la sociabilidad, la superación de episodios de aislamiento y el estímulo pscicomotor al acariciarlos o peinarlos.
    Asimismo, la Residencia Amma de Santa Cruz también dispone de un programa parecido en el que un perro adiestrado pasa la tarde con los mayores

     

     

     

    Fuente e imagen: laopinion.es / Carsten Lauritsen

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