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    Los caballos que retrató Velázquez

    ArtículoProductos y Servicios Equinosdomingo 10 junio 2012
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    Los caballos que llegó a pintar Velázquez durante el Siglo de Oro son, sin duda, magníficos hasta tal punto de llegar a compartir el protagonismo en el cuadro con la persona retratada.

    Sin embargo, el truco está en los detalles. Los caballos del pintor español son robustos, fuertes y vigorosos. Se trataba de la raza espacial creada la caballería española de la época a partir del cruce entre ejemplares de caballos holandeses, y caballos andaluces, precursores de los pura raza española.

    En “La Rendición de Breda” se les puede observar claramente: uno al lado de los soldados, y otro, que parece escuchar atentamente lo que se comenta. En “Caballo blanco”, el color de la capa del equino contrasta con la oscuridad de fondo.

    En la época de la Casa Real de los Austrias, un hombre distinguido debía demostrarlo a través de sus aptitudes y habilidades como caballista. Es por este motivo que el pintor dota de majestuosidad en sus retratos oficiales tanto al jinete como al propio caballo.

    En sus pinturas ecuestres, el soberano mira desde lo alto de su montura como si estuviera sobre un trono ambulante. Normalmente lleva los atributos militares inherentes a su cargo: bastón de mando, insignias, coraza, banda de gala, etc. El caballo, por su parte, aparece en corveta, postura que no sólo demuestra la destreza del jinete, sino también su poder y dotes de mando, cualidades que otorgan al rey un inequívoco aire de dignidad.

    En otros retratos, al haber sido concebidos para la monarquía reinante, hasta los niños poseen retratos ecuestres, como es el caso de Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV e Isabel de Borbón, quien con solo seis años aparece montando una jaca al galope.

    En “Felipe III a caballo”, si bien no todo el cuadro es obra de Velázquez, sí lo es el caballo, el brocado y sus arreos, siendo el resto obra de taller bajo la supervisión del genial pintor. En este caso, el autor puso especial cuidado y esmero en la cabeza del equino, pues sus crines cubren las riendas y despejan su frente adornada con un lazo rojo sobre un tupido flequillo.

    También el retrato ecuestre de Margarita de Austria fue llevado a cabo en el taller  de Velázquez, que a su regreso de Italia revisó y corrigió parte de la pintura. Sus trazos son evidentes en el caballo que mantiene el paso. La cabeza en posición baja muestra el respeto y sumisión que el corcel debe a su amazona.

    La firmeza de los trazos y la realidad de los detalles nos transmite que posiblemente, el pintor acudió a las caballerizas reales para tomar buena nota de la natural morfología ecuestre.

     

     

     

    Fuente: Maria Pilar Ramos Vicent (suite101.net/article/los-caballos-de-velazquez)

     

     

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