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    Tendencia hacia la cesión de caballos a la hípica al no poder afrontar su pupilaje

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    Entre las consecuencias que la crisis económica acarrea en el mundo ecuestre está, ya no sólo el descenso en la compra de animales y una drástica bajada en el precio de éstos, sino también un considerable aumento en la morosidad del gasto del pupilaje de caballos.

    Y es que en época de bonanza, muchos particulares adquirieron caballos que ahora no pueden mantener y, en ocasiones, acaban cediendo el equino al propio centro ecuestre en el que se alojan.

    Eduard Nubiola, quien dirige la escuela de equitación del Centro Hípico Mas Tallapedra de Reus (Tarragona), indica que «aunque el descenso no es espectacular, sí que es verdad que hay menos socios de los que vienen a aprender a montar a nuestras instalaciones que acaban comprándose un caballo».

    En esta hípica, el pupilaje cuesta 285 euros al mes y cubre la alimentación, la limpieza y el servicio de caminador para el caballo. Aquello gastos que implican consulta de veterinario y posible medicación no están incluidos, se pagan aparte y corren a cargo del propietario. 20 de los 36 caballos que habitan en la hípica se encuentran en régimen de pupilaje y tienen dueño, mientras que el resto pertenecen a Mas Tallapedra.

    En un intento ingenioso de poder reducir costes y aumentar el margen de beneficio de prestar servicios ecuestres, en el centro han tenido la gran idea de plantar ellos mismos la comida de los caballos. Nubiola reconoce que «por un lado nos ahorramos algo de dinero. Pero también proporcionamos la posibilidad a los alumnos de las escuelas que nos visitan que vean cómo uno mismo puede producir su propia comida».

    En esta hípica no pretenden «conseguir que las personas acaben siendo superjinetes, sino que intentamos ser una escuela de personas y de valores y después cada uno ya verá si quiere acaba teniendo un caballo o no», sostiene su director.

    Un caso similar ocurre en la hípica Pik Dame de Les Borges del Camp, en la misma provincia, que ha experimentado igualmente un descenso de particulares que finalmente deciden comprar un caballo. El director del centro, Arnau Gomis, lo explica muy claramente: «antes había gente que se tiró a la piscina y ahora se ha dado cuenta que los costes han subido y su nómina no es la misma».

    En Pik Dame, el pupilaje cuesta 500 euros mensuales, gasto que no han dejado de poder afrontar algunos de los clientes y «lo que hacen es ceder el caballo, como si fuese un alquiler, lo ceden a la hípica o a otros particulares que se hacen cargo de los gastos».

    Sin embargo, mientras el número de compradores de disminuye, se da la paradoja de que sube el número de aquellas personas que desean aprender a montar a caballo.

     

     

    Fuente e imagen: diardetarragona.com

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