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    Un hotel equino en Zizurkil, Guipúzcoa

    ArtículoProductos y Servicios Equinosviernes 29 noviembre 2013
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    Entre Zizurkil y Asteasu, rodeado de árboles y cerca de un pequeño riachuelo se encuentra el Molino del Lobo, en el que, a pesar de su nombre, no se encuentra ningún lobo sino caballos.

    De hecho, nada más atravesar la enorme puerta de madera de entrada ahí están los equinos para recibir al visitante, asomándose por las ventanas de los boxes.

    Ana Rotaeche y su marido Guillermo Ochoa están al frente de este proyecto, tras haber haber vivido y trabajado en Inglaterra con caballos durante años. A su regreso, la pareja decidió asentarse en Zizurkil donde podrían proveer a sus caballos del espacio necesario para estar tranquilos y poder respetar así sus características.

    El cuidado y el cariño están garantizados con la veterinaria y el adiestrador de caballos de carreras, que tras acumular una ingente cantidad de experiencia en el Reino Unido, pudieron transformar todo su conocimiento en la creación del "Molino del Lobo": un hotel de cinco estrellas para caballos de tránsito en el que poder ofrecer, además, alojamiento y un espacio de descanso y recuperación a aquellos caballos de Guipúzcoa que lo necesiten y de otros muchos puntos del Estado.

    «Tenemos el espacio necesario para albergar unos 13 caballos. En su mayoría son caballos de particulares que los dejan para que descansen después de la temporada. Los boxes cuentan con un pequeño 'patio' en el que los caballos se interrelacionan y eso es muy importante para ellos, porque son animales que se interrelacionan con su manada», comenta Ana Rotaeche y añade que «el entorno ayuda mucha en el proceso de recuperación, ya que estamos rodeados de árboles y naturaleza».

    Esa misma tranquilidad y poder disfrutar del aire fresco es lo que los caballos reclaman a sus cuidadores en cuanto los ven. «Saben que es la hora de que les saquemos de aquí y les llevemos a pastar a un prado que está aquí cerca».

    También colabora en el proyecto María García, trabajando junto a niños con necesidades especiales ya que el Molino del Lobo realiza sesiones de hipoterapia. María transmite un gran entusiasmo al hablar sobre los caballos que «me han enseñado mucho y aprendido mucho con ellos». Antes de llegar al Molino del Lobo trabajó en Jaizkibel con Gonzalo Fernandez Areizaga, de quien reconoce haber aprendido muchos secretos de la terapia ecuestre.

    Su reto ahora es perfeccionar la técnica con un grupo de chavales de Atzegi que en su primera clase «no sabían muy bien que hacer junto al caballo, yegua en este caso, pero que enseguida hubo una magnífica conexión y eso les permite disfrutar con ella».

    El contacto con los animales es una fuente de experiencias para los chicos con necesidades especiales porque «aprenden un montón de cosas. Aunque sólo demos un paseo tranquilamente por la pista mejoran su autonomía, el equilibrio, la autoestima y otros muchos aspectos físicos y psicológicos como las emociones». María destaca los «pequeños pasos que abren un mundo de oportunidades a estos chavales. Un niño autista con el que trabajé dijo su primera palabra después de unas sesiones con el caballo, ese fue un momento muy importante para todos porque supuso un gran avance en su desarrollo».

    Además la técnico de equitación reconoce que «los caballos se adaptan enseguida a cada uno de los chavales, no importa que tengan problemas de movilidad porque estar sobre los caballos les da una gran fuerza; o en el caso de los niños hiperactivos se trabaja mucho con el problema de falta de atención que tienen. Montar a caballo es un reto que les exige gran atención y sin darse cuenta se trabaja en ese aspecto tan importante para ellos». García comenta que ha centrado su carrera en este momento en las terapias para personas con necesidades especiales «este tipo de actividades al aire libre además de permitirles hacer ejercicio les permite interrelacionares con otros chavales y personas, algo que para muchos de ellos es algo complicado».

    Ana Rotaeche, por su parte, ha querido que los jóvenes que se acerquen al Molino del Lobo «puedan darse un paseo por el monte. Hemos abierto un camino junto al río por los árboles que tenemos al lado de casa y estaban emocionados con la excursión».

    Reconoce que «el entorno nos permite además realizar excursiones con grupos por la zona, al Andatza, hacia Asteasu, el monte Olentzo». Además «ofrecemos alojamiento también a los propietarios de los caballos en dos apartamentos que tenemos y les invitamos a conocer la zona a caballo por los caminos que existen en la zona».

     

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    Fuente e imagen: diariovasco.com               


     

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