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    Unos inquilinos poco habituales en el Centro de Zoonosis de Murcia

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    El Centro Municipal de Zoonosis de Murcia ha tenido que dedicar parte de sus instalaciones a nuevos visitantes, que, antes de la crisis económica, no eran huéspedes habituales. Perros y gatos comparten ahora espacio con dos caballos, un poni, un burro y dos ovejas.

    El jefe de los servicios municipales de Salud, Eduardo González, indica que «no hemos observado un abandono mayor en el número de perros debido a la crisis, pero sí estamos constatando el abandono de caballos, posiblemente porque sus dueños no pueden mantenerlos, y si están en la vía pública pueden resultar peligrosos para el tráfico e incluso para los peatones, por lo que nos vemos en la obligación de recogerlos y traerlos al Centro de Zoonosis».

    De hecho, en las instalaciones, sitas en La Albatalía, han tenido que habilitar una pequeña cuadra para que los caballos estén bajo cobijo y puedan protegerse de las inclemencias del tiempo. Sin embargo, incluso este establo improvisado se queda pequeño, de modo que, en la actualidad, uno de los dos caballos comparte espacio con el destinado a aparcamiento de los visitantes. «Vamos a habilitar otro cuartelillo porque antes recoger un caballo era algo anecdótico, pero se ha convertido en algo habitual», explica el jefe de los servicios municipales de Salud.

    La finalidad del Servicio de Zoonosis es de salud pública y de protección. Recogen perros abandonados para evitar que causen problemas en la vía pública. También por el mismo motivo, el Centro de Zoonosis está recogiendo los equinos abandonados. «Nos llama la Policía Local indicando que hay un caballo abandonado en la vía pública y, para evitar riesgos y males mayores, se desplazan allí los veterinarios, los capturan y se inicia el proceso para intentar identificarlos», detalla Eduardo González.

    Algunos caballos llevan microchip, afortunadamente, de modo que localizar a su propietario se convierte en una tarea más sencilla, pues el microchip viene a ser algo así como el documento nacional de identidad. «Lo primero que hacemos es informar a la Consejería de Agricultura, a través de la Dirección General de Ganadería, ya que es este organismo el que lleva el control. Se le pasa el lector de microchip y si está identificado, se intenta localizar al propietario. Si no lo lleva, el proceso es mucho más complejo. Si no se localiza al dueño, se inicia un expediente de abandono y damos el caballo en adopción».

    Cuando aparece el propietario y alega que el caballo se le ha escapado, debe demostrarlo, por ejemplo, mostrando la denuncia por pérdida o robo, como suele ocurrir en el caso de los perros. Si no puede demostrarlo, se sospecha que podría tratarse de un caso de abandono, acto que se recoge como una falta muy grave en la Ordenanza Municipal de Tenecia de Animales, y la sanción oscila entre 1.502 y 3.005 euros.

    Uno de los caballos que llegaron al Centro de Zoonosis da claras muestras de posible abandono por parte de su dueño, ya que llegó “famélico”, tal como lo indican sus cuidadores en el Centro de Zoonosis los cuidadores, mientras le dan de comer una mezcla de paja, avena y pienso.

    Junto a caballos, burros, ponis y ovejas, el Centro de Zoonosis parece algo así como el 'Arca de Noé' porque a los animales ya enumerados se les suman, además de multitud de perros y gatos, un gallo, un faisán y una veintena de palomas.

    Entre los perros, hay una veintena de cachorros, listos para ser adoptados y otros que ya han iniciado el proceso y han sido vacunados. Cada año, el Servicio de Zoonosis da en adopción en torno a 300 cachorros, todos con microchip y vacunados. Suele entrar algún galgo, aunque, una vez recuperados, se entregan en adopción a una protectora denominada BAAS galgo.

     

     

     

    Fuente e imagen: laverdad.es


     

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