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    La Aldea del Burrito - Parte I

    ArtículoSolidaridad Ecuestrejueves 05 enero 2012
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    Desde VdC queremos aportar nuestro granito de arena en ayudar a paliar el sufrimiento de los peludos con una sección de anuncios de caballos destinados a la adopción, apadrinamiento y acogida. Si crees que puedes echarles una mano, ¡ni lo dudes!

     

    Al igual que el Platero del poeta Juan Ramón Jiménez, el burro gris que responde a ese nombre en el refugio salmantino de ‘La aldea del burrito’, también es “pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón...”.

    Tanto se parecen que es inevitable probar si llamándolo vendrá “con un trotecillo alegre”, y así es, Platero acude a la llamada, baja la cabeza en busca de una caricia y aprovecha además para dar un mordisco a un cuaderno, en un tira y afloja en el que parece que sonríe, porque tiene los ojos ligeramente achinados. Así lo ven también los niños que participan en los talleres que organizan con fines terapéuticos en este centro, que es pionero en Castilla y León, como refugio para estos animales. Quizá por eso, los burros les dan confianza.

    Como Platero, hasta un total de catorce burros, un caballo y cuatro ponis, tienen una segunda oportunidad en la vida, la que les brinda este centro situado en el municipio de Aldeadávila de la Ribera (Salamanca), aunque necesitan de alguien que les “adopte”, con una aportación económica simbólica, para que continúe esta protección.

    Después de haber servido durante años al hombre en las tareas más duras y tras soportar cargas sobre sus espaldas que les han dejado rendidos por el exceso, algunos de estos animales fueron abandonados a su suerte, porque sus dueños no podían hacerse ya cargo de ellos o porque ya no les eran útiles.

    Uno de los promotores de este refugio, Daniel Cruz, explica que cuando los hombres que trabajan en el campo envejecen, van a la residencia o al cuidado de otros familiares, los perros u otras mascotas a las protectoras, pero sin embargo, los burros o caballos que tan necesarios fueron para las labores del campo en esta tierra de montaña, no tenían un lugar donde “jubilarse”.

    Esta es la historia de Zapatones, el burro más viejo del refugio y que pertenecía a un agricultor de Mieza, pero también la de otros muchos, como Bandido, Dalton o Abraham Lincoln, conocido así por sus peculiares “barbas”.

    En otros casos, los burros han sido el “juguete” de alguien en una finca, hasta que sus propietarios se cansaron de ellos, como les ocurrió a los ponis Romeo y Zaleo, que ahora campan a sus anchas en un cercado de la aldea.

    También los pequeños Pompas y Burbujas llegaron al refugio porque fueron desechados tras adquirir una mala conducta, “mordían mucho”, quizá cansados de los “trotes” a los que se les sometía cada día en diferentes ferias. Cruz explica que ya han logrado reconducir esta manía y ahora se han convertido en los preferidos de muchos niños que acuden de visita al centro o que participan en algunas de sus terapias, porque estos animales sirven para mucho más que para cargar.

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    Fuente e imagen: leonoticias.com / ICAL

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