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    Caballos clonados en deportes de alta competición

    ArtículoHistoria - Razasmartes 29 enero 2013
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    Hasta julio de 2012, la Federación Ecuestre Internacional (FEI) había mantenido la prohibición que impedía a los caballos clonados y a su descendencia competir en unos Juegos Olímpicos.

    Tras la eliminación de esa restricción, Sam, un caballo alemán obtuvo la medalla de oro en las Olimpiadas de Londres tras una espectacular demostración de sus habilidades. Muchos fueron los que se preguntaron si sus criadores decidirían clonarlo. De hecho, si quieren, pueden hacerlo. No obstante, la clonación no es fácil ni barata, y nada garantiza que el caballo clonado vaya a tener el talento del original.

    El primer caballo clonado con éxito fue una yegua, de nombre Prometea, nacida en 2003. Desde entonces, sólo existen unos pocos centenares, creados la mayoría para la cría y no la competición.

    El proceso de clonación es caro, situándose en más de cien mil dólares, si bien el semen de los mejores sementales para la fecundación in vitro puede resultar mucho más económico. El problema estriba en que la mayoría de los caballos dedicados a la alta competición suelen estar castrados y las yeguas pueden tener como mucho 15 potros a lo largo de su vida fértil, considerándose en este punto la clonación como alternativa a estas limitaciones de la madre naturaleza.

    Graeme Cooke, director del área de veterinaria de la FEI, confirma que el uso habitual de los caballos clonados es perpetuar el material genético. De esta manera, mientras el caballo original se dedica a viajar y competir, su clon es destinado a la reproducción.

    Sin embargo, unos pocos años antes, en 2007 más concretamente, la asamblea general de la Federación había decidido que clonar un caballo iba en contra del espíritu deportivo y no era justo. Cooke señala que la clave en el cambio de postura de la FEI se debe al descenso en el precio del proceso de clonación.

    Tras analizarlos, la Federación estimó que los caballos clonados eran copias fieles de los originales en un 98%, sin llegar a la exactitud precisa del cien por cien. Fue este margen del 2% lo que acabó de convencer a la FEI de levantar la prohibición, dejando de considerar la clonación como una ventaja injusta.

    Además, otros factores influyen en la actuación de un caballo, como el entrenamiento, la alimentación y la relación con el jinete, que influyen enormemente e impiden pronosticar y asegurar el clon de un caballo campeón vaya a actuar como tal.

    Hasta el momento, todos los caballos que han participado en Juegos Olímpicos han sido concebidos de forma natural. Pero para los Juegos de 2020 esto podría haber cambiado ya que muchos caballos clonados habrían cumplido los 9 años de edad, el requisito exigido para participar en unas Olimpiadas.

     

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    Fuente: nationalgeographic.es

     

     

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