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    Los caballos percherones siempre vienen del norte

    ArtículoHistoria - Razasjueves 03 octubre 2013
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    Rubio, Bayo y Lucera son los nombres de tres caballos percherones pertenecientes a Ramón Chirivella, un vecino de La Torre, en Valencia, quien lleva toda la vida en contacto con estos animales. Empezó de pequeño porque su padre y su abuelo empleaban caballos para labrar la tierra, y hoy en día, a pesar de la mecanización del campo, los tiene porque no se imagina ya la vida sin ellos. Asegura que son su "capricho" y los cuida como si fueran sus hijos.

    Pero estos ejemplares no nacieron en tierras levantinas. Como todos los caballos de raza percherón, se crían en semi libertad, en zonas de alta montaña de la Cordillera Cantábrica, de los Pirineos navarro, aragonés y catalán o en las montañas de Castilla y León. Ese es su hábitat natural, al igual que el de los ejemplares que se pueden apreciar en las competiciones de tiro y arrastre. Incluso aquellos que desfilan en las principales festividades de la ciudad. Los de Chirivella son de Puigcerdà, en pleno Pirineo catalán. "El primer techo que vieron estos animales fue el de mi casa", afirma. Pero la vida actual de estos caballos poco o nada tiene que ver con sus familiares de las montañas. Ni labran, ni participan en competiciones, ni cargan peso alguno. Su precio rondó los 1.200 euros y son el mejor reclamo para que sus nietas, Mireia e Irene (de 8 y 6 años, respectivamente), acudan con alegría a alquería Pixacorta, la casa de campo que tiene su abuelo en la pedanía de la Torre.

    Algunos afortunados no han tenido que desplazarse hasta el norte de España para conseguir un caballo percherón. Basta con contactar con un criador de confianza, aunque en estos tiempos de crisis "ya no hay negocio", como asegura Viçens Ferriol, un agricultor de Poble Nou que ha visto disminuir lo que antaño fue un negocio rentable que apenas tiene salida hoy en día. "Mi padre compraba los caballos en Navarra, los domaba aquí, los entrenaba para tiro y arrastre y los vendía. Si tenía algún campeón, la venta salía más que rentable. Llegó, incluso, a cobrar hasta 24.000 euros por un ejemplar. Hoy en día nadie compra caballos a un criador. No merece la pena", afirma Ferriol que, eso sí, conserva el mismo espacio que su padre para criar a sus caballos: Toyota, Pegaso, Rellam y uno nuevo que cambió por Torete, y que aún no tiene nombre.

    A diferencia de Ramón, Ferriol sí emplea estos ejemplares en tareas del campo. Pero no lo hace por necesidad de ayuda sino como entrenamiento para competiciones de tiro y arrastre porque "es cierto que el caballo deja la tierra más fina al patear menos que la mula, pero lo que él hace en una mañana, la maquinaria lo realiza en dos horas. No hay comparación. Aunque si los sacas al campo, los caballos trabajan la musculatura y puedes ganar competiciones", explica el agricultor. Eso sí, para seguir la tradición de su padre, Ferriol suele desplazarse hasta Navarra apara adquirir sus caballos. Los precios no varían ya que un percherón o cualquiera de las razas que se cruzaron en su día con otras especies, como el hispano bretón, cuestan alrededor de 1.200 euros.

    Mantenerlos ya es otra historia. Si hay que comprar la alimentación de los caballos, la cifra puede rondar los cincuenta euros. Si, como es el caso de Ferriol, uno mismo se lo facilita plantando la hierba o cambiar garrofas por garrofas trituradas, sólo hay que invertir en la avena.

    No ibstante, hay que tener en cuenta que una cosa es acudir a alguna de las múltiples ferias de venta de caballos que se realizan en el norte de España y comprar un percherón y otra cosa bien distinta es que el animal esté tan acostumbrado a vivir libre en estado semi-salvaje, que no estará muy por la labor de hacer la fuerza necesaria que su propietario le exige. No todos los ejemplares sirven para las competiciones de tiro y arrastre. Cuando a Ferriol se le cuestiona acerca de esta situación su respuesta es desesperanzadora: "si no valen para la previsión inicial, los animales se sacrifican." Sin embargo, los propietarios de estos animales aseguran que los caballos "vagos" suelen ser pocos.

    Y es que los percherones se caracterizan por ser "dóciles y buenos trabajadores" ya que combinan la fuerza con la rapidez de movimientos. Tanto es así que, a simple vista, no aparentan la mole que son, gracias a su estructura proporcionada. Pero si conocemos la historia del caballo percherón sabremos que han salido multitud de razas y cruces donde, eso sí, predomina la fuerza del primer caballo, que se originó en la provincia de Le Perche (Francia). Llama la atención la exactitud de unos datos que aseguran que el primer caballo percherón desciende de un corcel llamado "Jean le Blanc", que se cruzó con una yegua de Le Perche. Así pues, todos los descendientes de percherón se remontan a este animal, nacido en en 1823.

    Es más, durante el siglo XVII los caballos originarios de esta población francesa contaban con una notoriedad extendida. La raza fue evolucionando, pero sin perder ni un ápice de peso, lo que constituyó una gran ayuda para que se adaptaran a tirar de los pesados carros de correos, dos siglos después. A finales del siglo XIX la demanda era tan fuerte que se exportaban a miles, principalmente a Estados Unidos. A comienzos del siglo XX se comenzaron a importar sementales de percherones de Francia a España, con el fin de mejorar las aptitudes como animal de tiro de los distintos caballos locales, normalmente más pequeños y ligeros, aunque duros y resistentes. De ahí nació el caballo hispano-bretón, como tantas otras razas nacionales descendientes del percherón. Sin embargo, llegó la industrialización y, con ella, el tractor a las granjas, casas de campos y huertas. Pero los que lo conocieron y amaron no lo dejaron perder, y empezaron a usarlo como animal de recreo.

     

     

     

    Artículo e imagen originalmente publicados en levante-emv.com

     

     

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