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    Los caballos salvajes americanos, Mustang, en peligro

    ArtículoHistoria - Razasmiércoles 12 marzo 2014
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    El caballo salvaje americano, conocido como Mustang, descendiente de los que fueron introducidos por los españoles en América, es, desde hace siglos, todo un símbolo del Oeste. Sin embargo, en los últimos años, su proliferación al amparo de leyes de protección se está convirtiendo en un problema de espacio vital en Estados Unidos.

    El Bureau de Gestión de Tierras (BLM), dependiente del Departamento de Interior, tiene en la actualidad a su cargo un censo total de 33.780 caballos y 6.825 burros salvajes que trotan, galopan, pastorean y se reproducen libres en un territorio de aproximadamente 12 millones de hectáreas de tierras federales.

    Además, en este caso, los cuadrúpedos no tienen animales depredadores naturales de modo que las manadas suelen duplicar su número de ejemplares en unos cuatro años. Por este motivo, el BLM se ve obligado a sacar cada año a miles de caballos con el objetivo de controlar la población en las tierras federales, que abarcan diez estados del oeste del país.

    La población de caballos y burros salvajes en libertad excede en casi 14.000 la cifra que el BLM ha determinado que pueden resultar sostenibles para los recursos naturales de esas tierras. El número máximo de ejemplares que pueden mantener el equilibrio se estima en unos 26.677.

    Si bien los territorios son abiertos y extensos, la realidad es que las manadas no están distribuidas de igual forma, ya que viven en manadas que usan porciones específicas de pastos y recursos muy localizados de agua.

    A principios de 2014, fuera esas tierras federales existían otros 49.246 caballos y burros salvajes alimentados y cuidados en establos y cuadras destinados a estancias de corto plazo y ubicados en unas 137.000 hectáreas de pastos de propiedad privada localizados en su mayoría en los estados de Kansas y Oklahoma.

    En 1971 el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley para atender el problema de la matanza de caballos destinados al consumo de carne y se abrió la veda al envenenamiento masivo de caballos salvajes, considerados como una peste por los ganaderos.

    Pero la protección del "mustang", defendida por asociaciones y organismos relacionados con la diversidad biológica y el ambiente, ha ocasionado que, en la actualidad, cuatro décadas después, sea considerado un tema delicado y altamente complejo.

    El BLM pone en marcha, asimismo, un programa de adopciones: el año pasado logró colocar 2.671 caballos al cuidado de particulares, pero la cifra es increíblemente pequeña comparada con la adopción de más de cinco mil caballos al año a mediados de la década pasada.

    Una herramienta para el control de población es, obviamente, el uso de anticonceptivos, y en 2013 el BLM aplicó tratamiento a 509 yeguas, que vuelve a ser un número muy inferior si lo comparamos con las 1.051 yeguas del año anterior, y una cifra ínfima comparada con el tamaño de las manadas.

    Por otro lado, la aplicación de anticonceptivos no es una tarea fácil, como bien saben los encargados del control de la población de unos 175 equinos salvajes en la Isla Assateague, en Delaware.

    El anticonceptivo se administra disparando un dardo a la yegua. En primer lugar es necesario localizar al animal salvaje, y, en segundo lugar, aproximarse sin que, asustada, salga al galope. Además, los caballos ás, los caballos son inteligentes y poseen buena memoria, de manera que aprenden: cuando el arma requiere acercarse a unos diez metros, los caballos de Assateague aprendieron a mantenerse siempre a quince metros. Cuando se mejoró el arma y bastaba con acercarse a veinte metros, aprendieron a mantenerse a treinta metros de distancia, y luego aprendieron a mantenerse a más de cuarenta metros.

    Trasladado este aprendizaje a las dimensiones de los territorios abiertos donde viven los "Mustang", la aplicación de anticonceptivos se vuelve poco menos que una herramienta de uso muy limitado.

    Hay quienes han sugerido que, ya que son animales salvajes, debería dejarse que la naturaleza opere libremente: los caballos y burros que no encuentren comida o agua suficientes morirán y eso reducirá las manadas al número que el territorio pueda sostener. No obstante, esta solución no parece ser la más viables pues la ley de 1971 obliga al BLM al cuidado de los caballos, de modo que la agencia no puede permitir que sufran hambre o sed.

     

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    Fuente: Agencia EFE

    Foto: Associated Press


     

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