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    Orígenes del caballo andaluz o Pura Raza Española

    ArtículoHistoria - Razasmartes 21 diciembre 2010
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    En el siglo XVI Felipe II encargó al primer marqués de El Carpio, la creación de las Caballerizas Reales de Córdoba, donde juntó los mejores sementales y yeguas de las tierras que bordean el Guadalquivir, siendo esta yeguada el origen de la raza del caballo andaluz o español.

    Las caballerizas pasaron a depender de la Junta de Obras, Jardines y Bosques y a este fin se dedicaron fondos económicos provenientes de la explotación de salinas andaluzas. En 1576 las Caballerizas contaban con 50 empleados y 110 plazas y en la década de 1580, 600 yeguas pacían en las dehesas de Córdoba, 400 en las de Jerez y 200 en las de Jaén. 

    A la muerte del marqués, el cargo de "Caballerizo Mayor de las Reales Caballerizas de Córdoba" pasó a su hijo, permanenciendo como cargo hereditario en el mayorazgo de la Casa del Carpio desde 1625, por concesión real a su nieto. La corona también tenía la Yeguada de Aranjuez, formada por las yeguas de la Orden de Santiago, cuyo patrimonio había revertido en la corona, y otro rebaño en Valladolid. Sin embargo su calidad no era comparable con la Yeguada de Córdoba.

    En todo el Siglo de Oro no hubo duda de la excelencia de los caballos andaluces. Ya Lope de Vega, en su comedia Los comendadores de Córdoba, recoge no sólo la fama de los caballos cordobeses sino también la de sus jinetes. Del mismo modo la citada obra de Lope de 1610 y la Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora, fechado en 1612, son un testimonio excepcional de la denominación histórica "caballo andaluz".

    En esta época surgieron también las maestranzas de caballería, cuyo objetivo principal era el ejercicio de la monta a la brida y a la jineta, que en algunos casos construyeron y sostuvieron sus propias plazas de toros. 

    En 1751 se produjo un grave incendio en las caballerizas de Córdoba, por lo que Fernando VI ordenó reconstruirlas, finalizándose la obra en tiempos de Carlos III, quien colocó sus armas en la fachada. Ese mismo año, José I de Portugal quiso crear una yeguada nacional en su reino, para lo cual adquirió 33 yeguas y 2 sementales andaluces. En 1753 la cabaña tenía ya 268 individuos, principalmente de capa castaña, origen de la raza llamada Alter Real.

    Los avatares políticos del siglo XIX en España causaron grandes daños en la cabaña equina nacional. Con motivo de la Invasión Francesa, en 1808 las yeguas de las Caballerizas de Córdoba fueron trasladas a las Islas Baleares para preservarlas del expolio napoleónico. Terminada la Guerra, no regresaron a Córdoba sino que pasaron a la Yeguada de Aranjuez, quedando las caballerizas cordobesas como depósito de sementales. Además de esto Córdoba perdió importancia porque el rey Fernando VII apoyó la Yeguada de las Lomas de Úbeda y suspendió la prohibición de cubrir yeguas con garañón al sur de la "raya real", lo que favoreció el uso de la mula en el enganche de coches y diligencias, que en el sur de la peninsula ibérica anteriormente sólo se utilizaba en labores del campo

    Como contrapartida, a mediados de siglo se crearon las Escuelas de Veterinaria en España. Asimismo, en 1864, el Ramo de Guerra se encargó de la cría y del fomento caballar nacional. Además, muchos ganaderos andaluces no habían practicado esos cruces, por lo que fue posible recuperar la pureza original de la raza. En 1893 el Ministerio de Guerra decidió organizar la cría caballar en España, ubicando la yeguada nacional, luego militar, en la Hacienda de Moratalla. Para la recuperación del caballo andaluz se utilizaron 18 yeguas, procedentes de Córdoba, Montilla y Jerez de la Frontera.

    En 1912 Cría Caballar, que dependía del Ejército, abrió en España el primer libro para inscribir los caballos de raza árabe, pura raza inglés y anglo-árabe, decidiento inscribir a los tradicionalmente llamados caballos antaluces como pura raza española, mas tarde abreviado como PRE. 

    Durante el Franquismo la yeguada nacional pasó a llamarse Yeguada Militar. En 1956 se sacó de la Hacienda de Moratalla y se trasladó a Écija, a la fincas de la Turquilla y de la Isla; a Jerez, al Cortijo de Vicos y a la finca de Garrapilos; a Ibio, y a Lore-Toki (en San Sebastian).

    Más adelante, fue de especial relevancia la labor de la Federación Hípica Española, del laboratorio de locomoción de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Córdoba y de Álvaro Domecq, así como la promoción de la raza que hizo la Feria del Ganado de Jerez, que pasó a denominarse Feria del Caballo.

    En 1972 se constituyó con sede en Sevilla la Asociación Nacional de Criadores de Caballos Españoles (ANCCE). Entre 1989 y 1992 se produjo en España un brote de peste equina que afectó a la cabaña de caballos andaluces. En 1990 el Ministerio de Hacienda trasladó la yeguada del Bocado, de Terry, a la dehesa de la Fuente del Suero, ambas patrimonio expropiado a RUMASA, donde permanece. 

    En 1995 las Caballerizas Reales de Córdoba perdieron su uso como depósito de sementales, permaneciendo vacías desde entonces. En 1996 se inauguró el Museo del Caballo de Jerez y algo después el Museo de Carruajes de Sevilla.

     

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