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    María de Andrés - Veterinaria especializada en odontología

    ArtículoCómo - Saludlunes 24 junio 2013
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    María de Andrés aprendió a montar a caballo muy pronto. De hecho, a los cinco años estaba hecha toda una pequeña ‘gran’ amazona. Su madre, aunque profesora de inglés, siempre ha tenido costumbre de dibujar estos animales y sabe montar a caballo, quiso transmitir a su hija a comunicarse con uno, a cuidarlo y a poder acercarse a ellos sin miedo. El esfuerzo de su madre ha dado sus frutos, pues María es odontóloga equina.

    ¿Qué es lo primero que encontramos al abrir la boca de un caballo?

    Lo normal es que tengan 24 muelas, 12 incisivos y, los machos y algunas hembras, cuatro colmillos. Otras piezas que son variables según el caballo son los dientes llamados de lobo, los equivalentes a las muelas del juicio, totalmente inútiles y bastante fastidiosos. De estos, pueden tener hasta cuatro, o ninguno.

    La dentadura ¿guarda tanta información como para avalar el refrán 'A caballo regalado no le mires el dentado'?

    Sí, en las ferias de ganado se mira la boca de los animales porque con ella se puede saber su edad aproximada y si gozan de buena salud, igual que en las personas. A los futbolistas también les miran la boca cuando los fichan y ciertas lesiones musculares se vinculan a la boca.

    Usted estudió veterinaria, pero ¿qué la llevó a especializarse en la dentadura de los caballos?

    La posibilidad de evitar problemas de salud al animal mejorando su sistema de masticación, eso me interesó mucho. Y tuve la suerte de poder aprender, como hacían los aprendices de cualquier oficio antiguamente, junto a un buen profesional que me enseñó cómo tratando la boca del equino se consigue que deje de tener dolores de barriga y cólicos o problemas de comportamiento muy relacionados con la boca.

    Practica la medicina preventiva. ¿Se ven resultados rápidos?

    Sí. Por ejemplo, un caballo adelgaza, deja de comer, porque le duele al masticar y al digerir, o no se deja montar. Una vez resuelto el problema en la boca, pueden pasar tres semanas y empieza a comer bien y a ganar peso. Y, sobre todo, deja de sufrir, porque la boca le hace sufrir muchísimo. Además, la boca es el volante del caballo cuando se monta.

    ¿La intervención más habitual?

    El 90% de mi trabajo es limar incisivos y muelas, corrijo sobrecrecimientos de algunas piezas y así reequilibro la boca para que puedan masticar bien y de todo.

    ¿Los anestesia?

    No, los sedo. Una leve sedación que los deja un poco como si estuvieran borrachos. Pero es sorprendente cómo hay muchos caballos que se dejan hacer, aguantan lo suficientemente despiertos como para tener miedo, pero te dejan trabajar.

    ¿Trabaja con ayudante?

    Por lo general, no. Pero agradezco muchísimo que el dueño del caballo esté junto a él, porque así el animal está más tranquilo.

    Seguramente son más valientes los caballos que muchas personas en la silla del dentista. ¿Trabaja con los mismos utensilios que un dentista de personas, bueno, más grandes?

    Lo que más utilizo son fresas con motor y pedal.

    ¿Hay que cepillar los dientes de los caballos?

    No, no es necesario. Tienen muy poco sarro, depende de la saliva. Pero sí que habría que hacerles una revisión de la boca una vez al año. Sus propietarios están cada vez más concienciados de ello.

    ¿Se hacen ortodoncias a equinos?

    Algunas. Yo sigo de cerca el trabajo de un maestro, para mí, de odontología de caballos, en Latinoamérica, que las hace. Pero no es habitual, tampoco empastes, porque no suelen hacer caries. Sí que hacemos alguna extracción cuando se rompe una pieza, por ejemplo.

    ¿Qué admira de los caballos?

    Que no juzgan y que son unos terapeutas del cuerpo y del alma excepcionales. Yo adoro al mío, Luce, y a todos los caballos. Mi pareja dice que lo mío es una enfermedad. En realidad, para mí el caballo es mi gimnasio y mi terapeuta.

     

     

     

    Fuente e imagen: elperiodico.com


     

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