Todas las categorías
    • Todas las categorías
    • Caballos
    • Transportes
    • Accesorios
    • Servicios
    • Mascotas
    • Propiedades
    Please select a location from the drop-down list

    Bernard Quental - Coreógrafo Ecuestre

    ArtículoCómo - Trabajar con caballosviernes 15 marzo 2013
    Compartir:

    Bernard Quental, es, a sus 55 años, actor, pedagogo, director escénico y coreógrafo ecuestre. Nacido en Francia, a los 27 años descubrió a los caballos. Y desde entonces recorre el mundo con grandes circos y compañías de teatro.

     

    ¿Es fácil entenderse con un caballo?

    Puede ser fácil cuando sabes hacerlo. La primera vez no, porque el caballo es muy grande, muy fuerte, pero también es un mundo de vida y entender este mundo toma tiempo y pasión.   

    Y antes de trabajar con ellos, ¿qué eran los caballos para ti?

    Nada. Realmente nada. Antes yo era un deportista y un actor, pero, ¿sabes?, cuando eres un actor trabajas tu cuerpo y tu voz, y no tienes que cuidar de otro. Por eso, cuando estuve frente a un caballo por primera vez, fue increíble, porque estaba asustado.

    Más allá de lo artístico, ¿qué te han enseñado los caballos?

    Aprendí a estar siempre disponible. Y a ser paciente, porque, cuando trabajas con un actor, el actor puede responder. Cuando trabajas con un caballo es un nuevo trabajo. Te mueves, pero tienes que esperar que él también se mueva y, si le hablas, no te responde con una voz, pero sí con las orejas o con su cola.

    Pero igual responde...

    Sí, pero tienes que esperar. No es en tiempo real como contigo o conmigo, porque cuando estás con un caballo tienes que esperar y mirar. Cuando eres un actor quieres ser el centro de los focos, pero con el caballo aprendí que él viene antes y yo un poco después.

    ¿Fue un aprendizaje de humildad?

    Sí. Justo eso. Y, para el artista, la humildad es… un contrasentido (ríe).

    Trabajas con muchos caballos al mismo tiempo. ¿Creas vínculos con cada uno?

    No. Cuando trabajas con muchos caballos tienes que saber cuál es el dominante. Y cuando lo sabes, y quieres hacer una coreografía, le tienes que decir algo al dominante para que los demás sigan a partir de eso. Puedes controlarlos si controlas al jefe del grupo.

    ¿Por qué uno es el dominante?

    En realidad, no sabes por qué lo es. No siempre es el más fuerte. Tal vez si los observaras por mucho tiempo entenderías por qué siguen a este y no al otro, pero hay una jerarquía.

    ¿Hay alguno con el que hayas tenido un vínculo emocional más fuerte?

    Todos son únicos, pero hay uno que realmente aprecio… No, no uno, tal vez dos o tres [Risas]

    ¿Cómo se llamaban?

    Mis primeros caballos eran Jazz y Dominó. Eran padre e hijo. El padre tenía unos 13 años y el hijo, 7. El padre ya trabajaba y yo estaba todavía verde y no sabía nada de los caballos. Me acuerdo que el padre del caballo chico me enseñó a mí cómo hacer, cómo ponerlos en el carro, cómo voltearlos. Él tomaba su posición solito para mostrarme…

    ¡Era tu profesor (risas)!

    Sí. Y luego comprendí que mostraba cómo hacer estas cosas para mí, pero también para su hijo… Y después el hijo ya sabía y hacía lo mismo…

    ¿Fueron los únicos?

    Hubo otra, una yegua en China. Realmente me gustó porque me seguía con sus ojos todo el tiempo, a todos lados, y trataba de entender qué quería y qué no quería. Me gustaba trabajar con ella porque bailábamos, giraba alrededor de mi...

    ¿Como si estuviera enamorada de ti?

    (Ríe) Tal vez. Pero yo sí estaba enamorado de esta yegua, porque me gustaba cómo se movía y giraba alrededor de mí y me observaba… ¡Era increíble!

    ¿Es verdad que los caballos curan?

    ¿Sabes?, he trabajado con muchas personas y niños con discapacidad física y mental, y no diré que estuvieron mejor después, pero estaban mejor en ese momento. Luego trabajé con personas en la cárcel, con niños, con artistas, y cuando se ponen frente al caballo, todos son iguales. Se detienen y observan. Y no se mueven, tratan de entender. Y saben que si se mueven mucho, el caballo se puede excitar. Siempre se cuidan.

    ¿Eres como un terapeuta?

    No. Aún soy un actor y un acróbata, pero, con los caballos, trato de dar la oportunidad a la persona con la que trabajo para que se sienta mejor. No es terapia, aunque puede verse así. Pero, de hecho, cuando trabajas con caballos una semana, algo pasa en tu cuerpo y en tu mente.

    ¿Algo mágico?

    Algo muy… profundo, y no lo puedes controlar. Cuando juego con las personas y los caballos, con frecuencia, esto viene de muy adentro, y algo pasa, y lloran, mujeres y hombres, y a veces yo mismo cuando miro… No sé por qué, pero es como un movimiento, algo que se limpia adentro.
    Después de los gatos y los perros, el caballo es el animal que más ha acompañado a la humanidad.

    ¿Por eso nuestro vínculo con ellos?

    Un caballo no es como un perro o un gato. Ahora a todos les gustan los caballos, todos quieren cabalgar, bailar y jugar con ellos, pero olvidan que el caballo es un animal. Si algo pasa, se va y galopa, galopa, galopa. Pero si no puede galopar y se asusta con algo, puede romper cualquier cosa o te puede matar, porque somos muy frágiles frente él. El caballo no es un peluche. Cuando trabajas con él tienes que ser un poquito dominante. Si no, él puede tomar el control.

     

     

     

    Entrevista originalmente publicada en larepublica.pe el 12/03/2013

    Imagen: elcomercio.pe

     

     

    Artículos
    Suscríbete al boletín