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    Fernando Torrent - Herrador en Canarias

    ArtículoCómo - Trabajar con caballoslunes 09 septiembre 2013
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    Seguro que a todos se nos ha pasado por la cabeza alguna vez preguntarnos por qué los caballos en libertad no necesitan herraduras y uno que viva en cautividad sí.

    Ahí radica la respuesta, precisamente. Mientras son libres, los caballos suelen galopar de un lado a otro, en un desplazamiento continuo que les produce una especie de callo en la parte inferior de los cascos que ejerce la función de protector frente a abrasiones y heridas. De no contar con ese callo, los daños ocasionados a los cascos por una vida libre pueden llegar a ocasionarles cojera e incluso a producirles la muerte.

    Por el contrario, estando en cautividad, el caballo se desplaza bastante menos, lo que no le permite desarrollar el callo a modo de capa protectora. De ahí el uso de las herraduras.

    Fernando Torrent, con casi 25 años de experiencia como herrador suele tener que responder con frecuencia a los curiosos que le formulan la misma pregunta que acabamos de aclarar.

    Su profesión le permite entrar en contacto con tres o cuatro caballos para herrar cada día, "cuando no más", señala, de forma pausada y tranquila. Aunque en realidad, Torrent llegó a la profesión casi por casualidad.

    Enamorado de los caballos, Fernando comenzó a competir en salto desde muy pequeño, a nivel nacional en un principio y en Inglaterra, años después. Tras regresar del país británico quiso que su caballo de competición recibiera el mismo trato que había observado en los caballos ingleses y, a tal fin, el jinete estuvo trayéndose desde Inglaterra a algunos de los más reputados herradores de las islas para que le transmitieran sus conocimientos al tiempo que herraban a su animal.

    "Porque allí la formación en esto no es como aquí, que se imparte en un curso de tres meses y ya está. Allí hay que estudiar durante cinco años para poder llegar a ser herrador profesional", explica mientras golpea la herradura en el yunque, "lo cual quizás sea algo exagerado, pero es que ellos le dan mucha importancia a la forja y claro, salen con un manejo del martillo espectacular".

    Del mismo modo que ocurre con el calzado de las personas, los caballos también disponen de más de una decena de números de herradura, pues la pisada, o "aplomo", como lo denominan los herradores, varía en cada caballo.

    "Sus líneas son siempre diferentes y si no se respetan y se hierra mal al animal, éste puede llegar a tener problemas muy serios, porque como dice un refrán muy antiguo, sin patas, no hay caballo", puntualiza Fernando, "y sobre todo, jamás se debe perder de vista que se está trabajando con un ser vivo al que se puede perjudicar seriamente si no se lo trata bien".

    Fernando, que reside en Gran Canaria, cuenta con una numerosa base de clientes, además de en su isla, en otras e incluso en la península. "Me apasionan tanto los caballos que cuando tengo algún problema, ellos son mi refugio y mi cura. No podría vivir sin ellos y cuando no estoy trabajando siento que me falta algo, porque aunque es cierto que es un oficio que requiere mucha dedicación, es la vida que elegí y no querría ninguna otra".

     

     

    Fuente e imagen: laprovincia.es

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