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    Kai Mattern - Coaching asistido con caballos

    ArtículoCómo - Trabajar con caballosviernes 04 mayo 2012
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    No usa bridas, ni monturas, ni utiliza la fuerza para domar a los caballos. Kai Mattern trabaja con ellos con la puerta de la pista abierta, para que el animal sea quien decida por propia voluntad si quiere quedarse con él y seguir aprendiendo. Su método es un ejemplo del vínculo y sólido equipo que se puede crear si existe lo que él llama un “buen líder de manada”. Kai Mattern ofrece talleres con caballos en libertad a empresas para aprender sobre buen liderazgo y trabajo en equipo.

    Tantos años conviviendo con caballos, ¿qué ha aprendido?
    Me hacen reflexionar muchísimo: sobre la vida, sobre nosotros mismos, sobre cómo vivimos en un sistema que penaliza cuando cometes errores. Nadie te premia cuando lo haces bien. Yo nunca pienso que el caballo tiene la culpa cuando el trabajo no sale, sino que no me he expresado bien y debo esforzarme para captar su atención e intentar ser interesante para él. También me enseñan sobre paciencia. Necesitas mucha paciencia para enseñar. Yo le demuestro al caballo que estoy dispuesto a invertir todo el tiempo que él necesite para seguirme. También he aprendido sobre el equilibrio entre dar y recibir. 

    Suena terapéutico.
    Lo es. Por ejemplo, trabajamos con niños conflictivos en la escuela ya que su comportamiento es muy similar a la de algunos caballos de la manada en libertad. Hay caballos conflictivos en la manada y ningún caballo quiere estar con ellos. Suelen ser los dominantes y agresivos, pero al final son muy importantes para la dinámica de la manada. Mantienen a los otros caballos atentos y cambian las dinámicas de la manada según ganen o pierdan las peleas. A estos niños les enseñamos las manadas y cómo tratar con este tipo de caballos, cómo reclamar tu espacio para que te respete. Al final ganan en conciencia y autoestima. 

    Muy educativo. 
    El sistema educativo actual es muy malo. Todo el sistema en torno a las notas es una presión absoluta para el niño. Los niños deberían estudiar con las puertas de la clase abiertas. De esta forma, el profesor se esforzaría en ganarse el interés del niño. Yo enseño a mis caballos con la valla abierta, sin bridas, ni látigos, ni cuerdas, y al final me tengo que esforzar mucho día a día para que se queden conmigo. Eso me obliga a ir mejorando y evolucionando. 

    ¿Cómo se capta el interés del caballo?
    Siendo un buen líder. El buen líder es el que sabe cómo motivar a aprender, motivar a las personas a querer formar parte de su equipo. El buen líder no obliga, le siguen porque es el que mejor toma decisiones. 

    ¿Y el mal líder?
    El mal líder es el caballo dominante, el conflictivo, el semental, que suelen ser agresivos, remueven mucho las manadas, pero también las protegen. A veces creemos que el dominante es el líder, pero no es así. El líder suele ser una yegua experimentada que sabe guiar a la manada. Los demás se fían de ella, creen en ella. El semental cierra la manada pero si no para de ser conflictivo, las yeguas se irán. 

    Es un liderazgo bastante 'humano'...
    Sí. En la sociedad es exactamente igual. Te encuentras con personas con las que te sientes bien y te fías de una manera natural pero no son personas agresivas o dogmáticas. Mucha gente está equivocada con el concepto de líder. El líder tiene ideas claras pero es flexible. 

    Suena un buen aprendizaje para los líderes.
    Si trabajas en libertad, sin cuerdas, sin vallas, has de aprender a liderar con la voluntad del caballo. Si el caballo no quiere seguirte, se irá. Has de aprender a motivarle a aprender, a quedarse contigo. Si no le inspiras confianza, se irá, si le presionas demasiado, se irá también. En el momento en que le quitas la cabezada a un caballo, te encuentras con la pura realidad: el caballo elige si quiere seguirte o no. 

    ¿Cómo crea el vínculo?
    Un caballo nunca nos ve como familia, aunque nos encantaría. Nosotros estamos con ellos pero luego nos vamos a casa y volvemos al día siguiente. Lo que hacemos para crear el vínculo es intentar que el 50% de nuestro tiempo con él sea simplemente estar con él, acompañarle, compartir territorio. Así el caballo te va conociendo y te coge más confianza. Luego hay que exigir pero dar también. Has de dar mucho y de eso nos olvidamos a veces, y nunca entrar en discusión con el caballo.

    Se parecen a las reglas que existen en una empresa.
    Sí, la gente ha de estar a gusto para querer hacer cosas, ha de querer formar parte de algo de corazón, no por obligación, y tener sentido de comunidad. 

    ¿Qué hay de Oli, el caballo de sus ojos?
    Él me enseñó todo lo que sé de los caballos y, sobre todo, me enseñó que tenía mucho que aprender. Oli era un caballo difícil, tenía un pánico brutal cuando lo conocí. Se limaba los dientes, estaba disgustado con todas las cosas. Supongo que no era feliz. Antes de comprarlo, Oli iba de mano en mano, tenía muchos propietarios. Yo fui creando mi relación con él poco a poco. Lo más bonito de los caballos es que puedes cometer muchos errores porque, aunque nunca olvidan, perdonan casi todo. Son magníficos. 

    Imagino que debe ponerse muy triste cuando va a una hípica convencional...
    Pienso que no hay que criticar otras domas. No vale la pena ponerse en contra del mundo, hacer la guerra, sino intentar influir sutilmente con tus conocimientos y con una actitud positiva. Esto no es un juego de ajedrez, sino resolver juntos un crucigrama. 

    ¿Qué es lo más bonito que ha aprendido?
    A través de un caballo, a veces, soy capaz de conocer bastante al propietario. Es un pequeño hobby que he empezado a desarrollar con el tiempo. El caballo es un espejo de ti. Si ayudas a una persona a entender a su caballo y arreglar una cosa determinada, estás ayudando a la persona indirectamente.

     

     

    Artículo e imagen publicados originalmente en lavanguardia.com (Marta Cuatrecasas) el 02/05/2012


     

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