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    El estado del sector ecuestre en Extremadura

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    Ciento treinta y siete personas se ganan la vida ejerciendo de herradores en Extremadura. Entre todos ellos han protegido cerca de 170.000 cascos, porque en dicha comunidad autónoma hay censados 42.433 caballos. Es decir, uno por cada 0,038 habitantes, más del doble de lo habital en el resto de España.

    A su vez, estos herradores conocen y tratan a diario con veterinarios, transportistas, monitores de equitación, alumnos, clubes con socios que abonan sus cuotas y con trabajadores en nómina, fabricantes, distribuidores y vendedores de piensos, empresas especializadas en estructuras para picaderos, tiendas de ropa para jinetes y amazonas, organizadores de concursos y campeonatos, entre otros. Son, entre unos y otros, componentes de un sector, el equino, que sólo en Extremadura mueve 361.189.573 euros al año.

    Esta cifra es la que aparece en un documento: el ‘Estudio del impacto del sector ecuestre en España’, un informe de 163 páginas elaborado por Daemon Quest, perteneciente a la consultora Deloitte, autora de un análisis en el que Extremadura sobresale, en varios apartados, como una de las que más peso tiene en este sector en el conjunto nacional.

    Sin embargo, parece que sus propios componentes (los mencionados hace unas cuantas líneas), no acaban de verlo de forma tan positiva: «El caballo podría ser un negocio tremendo en esta región, y no lo es porque está casi todo mal organizado», según señala Manuel Fondón, jinete (subcampeón de Extremadura de doma clásica) y criador «a pequeña escala», según matiza él mismo.

    Fondón se pone como ejemplo de lo que debería ser y no es: en la mitad de 2014, ha vendido cinco caballos fuera de España. El último de ellos, a Chipre. «No veas el lío que es vender un caballo al extranjero, la de papeles que hay que hacer, lo que se retrasa muchas veces el proceso porque la administración no funciona como debería; desde luego, nada que ver con la forma de trabajar que tienen en otros países de Europa».

    El jinete habla mientras monta en uno de sus caballos, entre paseo y paseo por la pista cubierta del club hípico Monfragüe, a quince minutos en coche del centro de Cáceres en dirección a Trujillo.

    Ya es julio, lo que significa que en el club hay menos chavales de lo habitual recibiendo clases. Aún así, a medida que va cayendo el sol, van llegando coches al aparcamiento, y siempre hay alguien trotando o saltando vallas en los campos de entrenamiento. Al aire libre hay una docena de caballos. Y en la nave principal, 46, cada uno en su box, la mayoría vigilando el pasillo con la cabeza por fuera.

    Solo ellos, con sus relinches, rompen muy de vez en cuando el silencio de esta finca de doce hectáreas en la que el sol pega sin miramientos, y a la que 

    Antonino Antequera acude casi cada tarde del año a las instalaciones del club hípico. Es arquitecto, y su firma aparece en algunos de los proyectos más importantes de Cáceres, pero reconoce que su pasión son los caballos. Los monta desde que era un crío.

    Antequera conoce el estudio de Deloitte, y no le extraña en absoluto esa cifra de 361 millones de euros que mueve el sector ecuestre en la región. «El informe pone de manifiesto que esto no es un capricho de ricos, sino un sector económico de primer orden, con un potencial brutal en esta comunidad autónoma, que aún no ha sabido sacarle todo el provecho que podría».

    El arquitecto apunta a los números que ilustran el documento: además de la cuarta en ratio de caballos por habitante, Extremadura es la segunda en número de explotaciones, con más de 19.000. Y en el impacto económico total, tampoco se queda corta. Por delante de esos 361 millones de euros anuales solo aparecen Cataluña (371 millones), Castilla y León (522) y Andalucía (1.720), que es líder destacada en todos los órdenes.

    «El sector ha cambiado mucho en la última década, se ha profesionalizado, pero aún nos falta una cultura del caballo como deporte que sí tienen en otros países», apunta Juan de Dios Vargas, profesor en la facultad de Veterinaria de la Universidad de Extremadura y miembro de la junta directiva del club hípico Monfragüe. Sin duda, este profesional del sector ecuestre ha leído con atención y detenimiento el estudio de Deloitte. Si bien cree que el documento desprende «un exceso de estimaciones», cree que la cifra de lo que mueven los cuadrúpedos en la comunidad autónoma es bastante realista.

    Vargas no sólo monta caballos, también los vende. Y los compra. De hecho, es el dueño del primer potro nacido en el mundo a partir de un clon. «No lo sabía, me enteré después», aclara el veterinario, que compró el semen en Bélgica y que cría a su ejemplar en la finca extremeña de un amigo. «Los precios estaban inflados, y la crisis, que ha castigado de forma muy importante al sector, ha motivado que bajen mucho».

    La venta de caballos constituye uno de los pilares que sostienen la economía de la industria equina, en la Comunidad Autónoma y en el país. «En Extremadura hemos puesto todo el acento en la cuestión morfológica, cuando lo que da dinero es el caballo como deporte», apunta Manuel Fondón, quien opina que «el caballo como ganadería no está lo suficientemente organizado ni promocionado ni protegido. Además, aquí hemos puesto mucho el foco en el pura raza española, que no es precisamente el mejor para el deporte».

     

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    Fuente e imagen: Hoy.es

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