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    Antiguos Oficios del Campo Perdidos

    ArtículoHistoria - Fiestas y Tradicionesmartes 14 octubre 2014
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    El abardón, el suador, la pajera, el ropón de caída, las armas con su ataharre y el pleitar, el ropón de cabezal, la sobrearma, la cubierta de estera y el serón son partes del llamado hato o aparejo, es decir, la ropa de un burro o de un mulo destinado al trabajo agrícola. Jáquima, herradura, arado, yugo, trillo, collera, antebrazos, criba, pala, horca...

    Estas palabras son totalmente desconocidas para las últimas generaciones. Es comprensible pues cada vez están más en desuso y no sólo lingüístico. En anteriores décadas eran las más usuales en cualquier casa de un pueblo de la provincia de Málaga dedicada a la agricultura.

    La Revolución Industrial fue un proceso que en algunos sectores aún continúa a día de hoy. La maquinaria no encuentra rival en cuanto a velocidad, precisión y alto rendimiento. Por estas cualidades ha ido desplazando poco a poco, en silencio, a burros, mulos y bueyes que durante siglos han sido los aliados de los agricultores en todas las tareas del campo.

    Dependiendo del trabajo a realizar así se adaptaban los aparejos de los equinos. Los serones los empleaban los arrieros cuya principal actividad era el transporte de agua o de mercancías. Cuando un animal era destinado a realizar tareas de arado se le colocaban varios elementos, entre ellos, los ganchos, anterrollos, el látigo, las orejeras y el arado romano.

    Si el burro o la mula iban a trillar en la era, el agricultor adaptaba la vestimenta adecuada para facilitar el trabajo al equino y hacerle la tarea más fácil.

    Evidentemente, el producto también requería de artesanos que lo fabricaran. aquí entraba en juego el papel de los abardoneros o talabarteros que lograban dar vida a estos aparejos a base de lonas, madera y paja. Además, muchas de las distintas piezas de los hatos y las monturas, en el caso de los caballos, debían ser delicadamente decoradas.

    Los herradores, con la ayuda de un martillo y el yunque, daban forma a los distintas herraduras para calzar los cascos de mulos, caballos, burros e incluso vacas o bueyes. Por su parte, los herradores, creaban otras piezas, que iban desde una silla de trillar a un arado.

    Del mimbre y del esparto salían útiles para el transporte o bien el almacenaje y transporte e incluso para la decoración de botellas y cestas para flores. De la anea, los asientos de las sillas.

    En la actualidad, estos oficios están a punto de desaparecer como consecuencia de la mecanización del campo y apenas pueden encontrarse en algunos pueblos.

    Es el caso de Antonio Rubio, el último herrador de Casarabonela, en Málaga, en plena Sierra de las Nieves, donde lleva más de 25 años herrando, desde que su suegro le enseñó el oficio.

    Hace pocos años la burbuja inmobiliaria provocó un éxodo del campo a la construcción. «Cayó el trabajo, pero vino el turismo con los caballos y gracias a ellos puedo mantener el oficio. Hubo un tiempo en el que no encontraba apenas herraduras y clavos», afirma.

    Para seguir trabajando ofrece sus servicios por toda la comarca y la Costa del Sol. «Los burro-taxis de Mijas los hierro yo» y aunque la técnica del herrado no ha evolucionado mucho, Rubio afirma que ha habido modas como la herradura de goma o el patín, un producto innovador para evitar que resbalaran los animales que caminan por asfalto: «Ahora hay otros materiales antideslizantes como los clavos de Vidria. La herradura se gasta y se parte pero este material no», explica.

    Además, reconoce que no tarea ser herrador. «Desde que me traen al animal ya me voy fijando en la forma de andar». Y es que en sus manos está equilibrar la pisada y los posibles defectos en los cascos.

    Antonio Rubio ve el futuro de los oficios relacionados con la ganadería y la agricultura «como un hobby. Cada vez veo menos mulos y burros. Mi trabajo está más enfocado a los caballos, si no fuese por ellos ya habíamos desaparecido».

    De hecho, en Casarabonela solo quedan dos yuntas de mulos que suelen arar aquellas zonas a las que no puede acceder un tractor.

     

     

    Fuente e imagen: laopiniondemalaga.es

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