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    La polémica del uso de ponis de feria como atracciones

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    El verano suele traer consigo las tradiciones ferias con motivo de la celebración de las fiestas mayores en multitud de localidades que pueblan nuestra geografía. Unas fiestas en las que los ponis y caballos se convierten en atracciones a pesar de no cumplir con la legalidad.

    Son animales que prácticamente se vuelven locos, que se quedan sordos por la machacona música que les envuelve durante horas y horas en jornadas maratonianas, pues son obligados a trabajar en horario continuo y sin descanso ni alimento hasta el punto de sufrir lesiones que derivan en amputaciones de patas.

    Este es el desolador panorama que denuncia la Asociación CYD Santa María, apoyándose en investigaciones académicas y en expertos en salud equina para argumentar su oposición al uso de estos animales en este tipo de actividades de ocio.

    De hecho, uno de los estudios más críticos con las atracciones que emplean ponis y caballos es el del Servicio de Cirugía Equina de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Córdoba (UCO). En este documento, que arranca recordando que desde 1977 existe una Declaración de los Derechos de los Animales, recomienda que el animal debe recibir alimentos dos o tres veces al día, además de tener acceso libre al agua. Asimismo, sus autores recuerdan que, ante cualquier indicio de cansancio, deshidratación sobreesfuerzo, enfermedad o dolor «debe suponer la inmediata suspensión del trabajo».

    En este sentido, CYD Santa María pone de manifiesto que los ponis rara vez reciben estos cuidados. En una denuncia interpuesta en verano de 2013 contra los propietarios de una atracción de ponis en Alhaurín de la Torre (Málaga) se señalaban las dudosas condiciones en las que se encontraban los animales. Sin embargo, este es sólo un ejemplo de los muchos que se pueden encontrar.

    En anteriores ocasiones, se había informado de problemas similares y los agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil reflejaron en sus actas desde la ausencia de las pertinentes tarjetas sanitarias, hasta la «carencia de medidas higiénico sanitarias» o que los animales en «espacio de unos siete metros cuadrados».

    CYD Santa María advierte de que muchas de estas «mal llamadas» atracciones incumplen la Ley de Protección Animal andaluza, el Real Decreto 804/2.011 sobre explotaciones equinas y la mayoría de las ordenanzas municipales.

    Sin embargo, las denuncias más graves están relacionadas con las consecuencias físicas que padecen los equinos, que en ocasiones se traducen en «graves heridas cubiertas de sangre y moscas, y sin viso de tratamiento alguno».

    Un veterinario del equipo olímpico español de equitación extrapola esta delicada situación a los coches de caballos y carruajes que circulan como reclamo turístico en numerpsas capitales de provincia y municipios. «Con frecuencia se observan procesos de deshidratación severa», señala el veterinario, y añade que es fácil observar casos de malnutrición que derivan en «anorexia y caquexia que dan lugar a imágenes de equinos extenuados».

    Este veterinario explica que los periodos de trabajo de más de cuatro horas pueden provocar «una alteración severa del ciclo metabólico» de estos animales. «Las enfermedades del casco también son muy frecuentes y sin la actuación adecuada de un veterinario y un herrador se producen cojeras crónicas que cursan en procesos muy dolorosos para el caballo y que suelen terminar con la muerte del mismo», denuncia en un informe.

    La presidenta de CYD Santa María, Concordia Márquez, explica que «este tipo de espectáculos, independientemente de que las actuales leyes ya los condenen por cuestiones de sanidad, seguridad y bienestar animal, son un paso atrás en la educación y desarrollo moral y cultural de toda una generación».

    «Los niños, que hoy en día son los principales usuarios de este tipo de actividades, serán los que el día de mañana tengan que educar y concienciar a sus propios hijos; por lo que, una vez más, España llevará un retraso de más de cincuenta años en cuanto al resto de la mayoría de países europeos», añade.

    Márquez lamenta que se permita que los ayuntamientos «incumplan» las leyes de protección animal y salgan impunes de tanta «tropelía». «Pero que ya, encima, jueguen con la salud o posibles riesgos de niños en este tipo de espectáculos, autorizándolos, me parece una auténtica falta de ética, por no decir de educación», concluyó la presidenta de la asociación.

     

     

    Fuente e imagen: abc.es

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