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    Castran salvajemente a un caballo semental con su propia cola

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    La Guardia Civil de Boimorto (Arzúa, La Coruña) ha trasladado al Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) una denuncia por las lesiones que sufrió un caballo que ejercía funciones de semental a consecuencia de la castración que, de manera salvaje, le practicaron unos individuos al estrangularle el escroto con las sedas de su propia cola.

    Esta escena fue la que se encontraron el pasado 23 de diciembre los capataces de una finca que los denunciantes tienen en la parroquia de Dormeá, donde el caballo convive con una manada de yeguas que los propietarios poseen parar pastar los terrenos. Actualmente, el caballo se encuentra recuperándose de la importante infección que le diagnosticó el veterinario que se desplazó al lugar para atenderlo y que afirmó que «la persona que realizó la castración sabía lo que hacía».

    El atestado refleja textualmente que «lo ataron con la cola para que le produjese más dolor, al estrangular la circulación del escroto», de lo que se deduce una cruel y perversa intencionalidad en lo que los denunciantes definen como «el maltrato animal llevado a un extremo sin precedentes».

    Además, dicho documento recoge que nadie en Dormeá recuerda haber presenciado, y muchos menos practicado, una castración similar. «Los más viejos del lugar aseguran no haber visto nunca nada igual», afirman convencidos de que ningún ganadero que se precie es capaz de torturar de esa manera a un animal.

    En este mismo sentido, los denunciantes sospechan que esta atrocidad ha sido cometida por más de un individuo. En concreto, creen que tuvo que ser obra de dos personas, siempre que recurriesen a la sedación para dejar indefenso al animal, o, de no ser así, de cuatro individuos, como mínimo. En cualquier caso, consideran que se trató de «un actuación premeditada y organizada».

    Lo que más lamentan los denunciantes ya no es que el semental haya quedado inútil y, por tanto, sin capacidad alguna para el cometido que tenía en la finca, sino el sufrimiento al que fue sometido «con ensañamiento». El equino, que había sido prestado por un amigo, sobrevivió de milagro. Por propio instinto se encogió y permaneció inmóvil hasta que lo encontraron malherido los trabajadores de la finca, donde lo habían dejado en perfectas condiciones junto con las yeguas en la tarde del viernes anterior a la víspera de Nochebuena. Todo indica, por tanto, que los hechos ocurrieron el fin de semana del 21 y 22 de diciembre.

     

     

    Fuente: lavozdegalicia.es

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