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    Cuatro cercados custodian una veintena de caballos en O Morrazo

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    Una veintena de caballos de la asociación de criadores del monte Gagán conviven repartidos en cuatro cercados en los montes de Marín, Vilaboa y Moaña. Esta iniciativa pronto será ampliable a otros dos en la parroquia de San Tomé de Piñeiro. El objetivo a largo plazo es sacar al ganado mostrenco del monte, ganando en seguridad para los equinos y los conductores, evitando los problemas causados por los animales en los cultivos.

     

    La iniciativa comenzó en el 2009 y se ha ido extendiendo, según las posibilidades económicas lo permitían. El presidente de los comuneros de San Tomé, Daniel Rosales, explicó que en la actualidad hay funcionando dos cercados en esta parroquia marinense, en la Casa das augas y debajo del tendido eléctrico de media tensión de Fenosa. En la vecina Meira hay otro y el cuarto se halla en San Adrián, en Vilaboa.

     

    En ellos, los caballos dispone de comida en los pastos naturales que crecen en la ladera de los montes, con lo que mantienen limpias estas fincas. En las épocas de escasez de alimentos, sus propietarios depositan paja y forraje en comederos habilitados en parcelas valladas.

     

    Todos los animales que se encuentran en estos cercados están controlados, aunque su número es minoritario comparado con la cabaña equina de O Morrazo. Solo en el entorno del lago de Castiñeiras los caballos sueltos se cuentan por docenas. Estos animales suponen un gran riesgo para la circulación porque al atravesar las carreteras son susceptibles de provocar accidentes. Un ejemplo reciente tuvo lugar en la PO-313, cuando un caballo colisionó con un coche que no pudo evitarlo y que sufrió serios destrozos.

     

     

    Vandalismo

     

    El presidente de los comuneros de San Tomé manifestó que en los tres años de funcionamiento de estos cercados para caballos se han reproducido una larga serie de incidentes relacionados con el vandalismo. Los recintos están vallados por postes de madera unidos por una malla cinegética, que consiste en alambres en forma de cuadrado lo suficientemente anchos para permitir el tránsito de animales de pequeño tamaño como conejos o zorros. Se han detectado numerosos casos en que algunas personas han picado las alambradas, con lo que los caballos, al ver el acceso libre, se escapan y merodean por el monte. Rosales achaca estos ataques a propietarios que no quieren que prosperen los cercados.

     

    Fuente: lavozdegalicia.es

     

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