Todas las categorías
    • Todas las categorías
    • Caballos
    • Transportes
    • Accesorios
    • Servicios
    • Mascotas
    • Propiedades
    Please select a location from the drop-down list

    La tristeza de un caballo por perder a su compañera

    NoticiasNoticias Hípicas Generaleslunes 17 agosto 2015
    Compartir:

    Ramón Marcos, de Llanes, Asturias, y su familia tienen la certeza de que los caballos sienten la muerte de sus compañeros. Es el caso de su caballo Toto, de quien comentan que ya no es el mismo desde que el pasado invierno muriese Chispas, a la que todos consideraban su novia y con la que había compartido buena parte de su vida.

    Desde aquel día, Toto permanece inmóvil durante horas frente a la ensenada de El Bau, en Barru (Llanes). Ni siquiera se cobija en la sombra de los castaños cuando el sol aprieta, tal y como hacía antes junto a Chispas. Su comportamiento es totalmente diferente a como era antes. Ahora el equino prefiere quedarse quieto al lado del muro que separa la finca de la carretera local. Ahí permanece con la mirada perdida, como una estatua. Y si Ramón se lo lleva a otra zona de la finca, Toto regresa a los pocos minutos. Ese rincón era uno de los lugares preferidos de Chispas y Toto, donde solían pastar y pasar buenos ratos juntos.

    Ahora la figura del caballo erguido al lado del muro llama la atención a todos los que pasan por la carretera y la acera. De hecho, tanto es así que muchos transeúntes se detienen para tomarse fotos junto al caballo. Por fortuna, según sus dueños, a Toto le gusta "la compañía humana" y "que le hagan cuentos".

    "Le encanta que le hablen", añade su propietario. Toto tiene 25 años, tres menos de los que tenía Chispas, y "nació en casa", añade Ramón Marcos. La madre de Toto murió cuando éste tenía sólo seis meses, por lo que la familia tuvo que darle de comer a mano, convirtiéndose en un reclamo único parta los hijos. "Es parte de la familia", asegura el propietario, añadiendo que llegó a rechazar ofertas "muy suculentas" para sacrificar al animal hace años, cuando estalló el mal de las vacas locas y los tratantes buscaban por los pueblos caballos porque su carne se había revalorizado enormemente. Le pareció que aquella consideración era una ofensa

    Toto vive a cuerpo de rey: no ha trabajado en su vida. "Lleva veinticinco años en el paro y espero que no le toque trabajar nunca", comenta Ramón Marcos. Y añade que hay muchas personas que de niños le dieron de comer y jugaron con él y que ahora llevan a sus hijos a hacer lo mismo. Cada mañana, un panadero le regala a Toto una barra de pan. Y él relincha contento en cuanto lo ve.

    Pero la ilusión parece durarle poco rato. En cuanto termina de comer, Toto eleva su cabeza y posa su mirada sobre el infinito.

     

    Fuente e imágenes: lne.es

    Noticias
    Suscríbete al boletín