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    Los niños de Ezcaray dan de comer a cinco burros mediante un dispensador de pienso

    NoticiasNoticias Hípicas Generalesmartes 07 octubre 2014
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    Tres pasatiempos muy atractivos tienen los niños en la localidad riojana de Ezcaray: los caballos, los patos del río Molinar y los burros del camino del Molino Viejo. Tanto es así que ir a dar de comer a los animales se ha convertido en toda una ceremonia entre los más pequeños.

    Primero hubo un solo burro, luego dos y ahora hay cinco. El propietario de los animales, José María Gutiérrez, da una explicación poco habitual: «Si quieres que te diga la verdad, mis hijos querían un hámster y les dije que no, pero les regalé un burro, aunque acabamos teniendo un hámster y un burro».

    Gervasia, Federico, Catalina, Olivia y Perico viven en un establo en la finca de José María Gutiérrez. Quizá la manada más peculiar de La Rioja. Acostumbrados ya a que les den de comer, los burros se acercan raudos a la valla cuando ven acercarse a alguien.

    «Los críos venían y siempre les daban chucherías a los burros», explica José María. Y por chucherías no se refiere a las sanas, como manzanas o zanahorias, sino a las industriales: gusanitos, chocolate y similares. «Eso es lo peor, es veneno para los animales, está fermentado, tiene mucha sal, lo mejor es que les den el alimento que ellos comen, su pienso; así, además, los niños aprenden lo que comen los burros: trigo, habas, cebada seca...».

    El problema está en cómo controlar aquello que reciben los animales de toda la gente que pasa por allí, porque al final José María se cansa de dar explicaciones todos los días. «Dándole vueltas a cómo podría controlar un poco lo que la gente les da (aunque siempre hay gente que les trae pan, verdura, fruta y otras cosas buenas), pensé en inventar algo para que los niños puedan darles de comer».

    José María recordó el momento en que lo tuvo claro. Fue estando en un bar, al ver un dispensador de bolas con regalos en su interior para los niños. Un euro, un regalo. «Entonces pensé en meter el pienso dentro de las bolas y, así, ¡ya estaba!», confiesa.

    La máquina se la regaló un amigo y, por un euro, ahora dosifica el alimento de los burros, que lo comen como si fueran premios.

     

     

    Fuente e imagen: larioja.com

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