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    Otro rescate de un equino, esta vez, el caballo Marismeño

    NoticiasNoticias sobre Bienestar del Caballoviernes 19 diciembre 2014
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    Al rescate de la yegua que cayó en un paso canadiense de Aldea del Cano (Cáceres) y al del caballo de Pontevedra se une un suceso similar acontecido hace unos días.

    Los bomberos del Consorcio Provincial de Castellón lograron rescatar a un caballo, de nombre Marismeño, que cayó en un terraplén muy estrecho y profundo del barranco de Borriol y estuvo cerca de seis horas allí encajado. 

    Tal y como recoge el periódico Mediterráneo, el equino se perdió en la finca en la que vive junto a otros animales y quedó atrapado. Debido a su gran tamaño, no pudo salir por sí mismo al permanecer inmovilizado. Incluso el propietario de la parcela tuvo tantas dificultades para ayudarlo a salir que, totalmente angustiado le comunicó la situación a la dueña del caballo y avisó a los bomberos.

    Los efectivos llegaron a la propiedad a las 21.30 horas y estuvieron trabajando intensamente con la ayuda de un sistema de cuerdas con el que facilitar la salida al animal. Si bien en un principio intentaron engancharlo desde el pecho, las condiciones meteorológicas adversas y el nerviosismo del equino no ayudaron.

    “La zona estaba embarrada y el camión no podía introducirse en el camino, se hundía mucho. Además, el animal estaba asustado, mojado y temblaba demasiado”, explicó al diario Mediterráneo Carlos Martínez, bombero y veterinario, que coordinó la operación de rescate en la que participaron seis bomberos.

    Dado que la lluvia no cesaba, la tarea de rescate se hizo más complicada. Además, el caballo iba cansándose y perdiendo fuerzas. “Hubo un punto de inflexión en el que todos estábamos ya un poco preocupados. La propietaria empezaba a desesperarse y vimos que teníamos que cambiar de estrategia. Yo me acercaba a él y le daba ánimos, lo acariciaba y él se dejaba, un hecho que no ocurre con frecuencia”, explica Martínez.

    Por su parte, la dueña del equino, vecina de Castellón y también veterinaria, vivió una noche que calificó de horrible. “El camino era muy empinado, era completamente de noche y no conseguíamos liberarlo. Llegó un momento en que pensé que tendría que sacrificarlo”, contaba María Elena.

    Pero decidieron desbrozar aún más la zona y cortar un árbol para poder acceder mejor. Agarraron al caballo por las patas delanteras y lo sedaron. Y se obró el milagro. "Logramos sobrepasar la pared, que alcanzaba los 70 centímetros, y sacarlo por fin”, narra Martínez.

    A la satisfacción de los efectivos y de la propietaria hay que añadir que Marismeño se encuentra perfectamente.

     

     

    Fuente e imagen: elperiodicomediterraneo.com

     

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