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    San Bartolmé de Pinares celebra sus 'Luminarias' por San Antón

    NoticiasNoticias sobre Eventosjueves 17 enero 2013
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    En el pueblo abulense de San Bartolomé de Pinares, cada 16 de enero se llenan las calles de hogueras que un centenar de jinetes, sobre sus monturas, deberán saltar como un ancestral rito de purificación.

    "Es una tradición realmente pagana, que es, con el humo y el fuego, la bendición de los animales para que estén purificados durante todo el año, para que no tengan males ni enfermedades", comenta Aníbal Martínez, de 36 años, que vuelve a su pueblo natal desde la capital para esta noche tan peculiar.

    Sobre el origen del festejo, difícilmente se le puede poner fecha pero todos están de acuerdo en que parece tener sus raíces en la Edad Media, cuando sus habitantes buscaban proteger así a sus caballos del mal de ojo o de la brujería.

    "Según documentos de la iglesia y del ayuntamiento que hemos conseguido podemos localizar la tradición hasta hace 500 años", añade Aníbal.

    Esta pequeña localidad castellana de la provincia de Ávila bautizó a este rito como "Las Luminarias", aunque a día de hoy son muchas las asociaciones de defensa de los animales que muestran su preocupación por la suerte de los caballos.

    Cada año los vecinos preparan el ritual con auténtica devoción, recogiendo de los campos cercanos las ramas para confeccionar las gavillas que alimentan las hogueras durante toda la noche. Al ponerse el sol, los hombres prenden los fuegos, que salpican con agua para provocar un humo agrio y espeso. Mientras tanto, los jinetes preparan sus monturas, cepillando a los caballos y trenzándoles la cola y las crines.

    Finalmente, al dar las campanas de las 9 de la noche, todos, jinetes, caballos, lugareños y visitantes, se reúnen en la plaza del Ayuntamiento para recibir la bendición del cura. Tras ésta, las monturas cabalgan a lo largo de la principal calle del pueblo, cubierta de humo, saltando por encima de los obstáculos en llamas.

    Como en todas las reuniones sociales de este tipo, los hay temerarios que no dudan en lanzar a sus caballos sobre el fuego, haciéndoles pisotear las hogueras. Los hay más prudentes, que prefieren rodearlas, llegando tan sólo a rozar el fuego.

    "Es una tradición tanto para los animales como para nosotros", explica José María Nuñez, de 37 años, que participa con sus dos hijos. "Los caballos no sufren, están acostumbrados", asegura. "Es una sensación muy bonita, no se puede describir, hay que vivirlo encima del caballo, pasar por el fuego, sentir el calor, ver cómo salta el caballo."

    José María lleva participando ocho años en Las Luminarias con su yegua Estrella y este es el primer año que también lo hace su hijo Alejandro, que con 10 años asegura que "se trata de pasar con los caballos por las lumbres para purificarlos, para que no tengan nada malo en todo el año."

    Son varios los jinetes jóvenes que están tomando el relevo de sus padres y abuelos. Sonsoles Hernández Martín, de 14 años, es una de las pocas amazonas que participa en la fiesta. "Llevo tres años ya subiendo, pero desde pequeña, desde que tenía dos años he montado con mi padre. Mis padres también montan", comenta. "¿Peligro? No es peligroso porque se lleva haciendo desde la Edad Media, y nunca ha pasado nada", asegura la joven. "Es un sentimiento que se vive. Si no montas, no lo vives" asevera orgullosa sobre su caballo.

     

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    Fuente e imagen: AFP

     

     

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