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    Un caballo se escapa de Vila-seca y llega hasta Salou

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    Un caballo y un carro sin conductor sembraron durante unos interminables minutos el caos tanto en Vila-seca como en Salou. Por suerte la historia de esta fuga equina terminó con unas magulladuras para el propietario del carro y algunos retrovisores y una marquesina de un bar rotos en el tramo final de la fuga, en pleno centro de la capital de la Costa Dorada.

    El carro en cuestión acababa de participar en los tradicionales Tres Tombs de Vila-seca cuando, por motivos que aún se están investigando, se zafó de su conductor en la plaza Alexander Fleming y corrió sin control por un tramo de la Via Màxima. Luego prosiguió por el Camí de Cambrils y llegó hasta la C-14 donde se incorporó en el sentido contrario de la marcha con la suerte de que ningún vehículo chocó de frente contra el caballo, que siguió su andadura hasta la calle Ciutat de Reus. Allí cruzó por la calle Sínies y terminó su periplo a la altura del número 40 de la calle Barcelona, enfrente del bar Parada.

    En ese punto, una patrulla de la Policía Local logró coger por las bridas al caballo y calmarlo. Junto a ellos iba una patrulla de la Policía Local de Vila-seca y uno de los integrantes de la comisión hípica, quien se hizo cargo de inmediato del caballo, que no sufre ninguna herida. Mientras el equino volvía a Vila-seca, el carro quedaba en las dependencias de Salou a la espera que su propietario, vecino de Reus, se haga cargo del mismo.

    El incidente pudo terminar en tragedia, pero por suerte todo quedó en una anécdota de los Tres Tombs de 2012. Tanto el Ayuntamiento de Vila-seca como la Federació Catalana de los Tres Tombs tienen un seguro para cubrir posibles incidencias de los eventos, por lo que los propietarios de los vehículos afectados podrán reclamar la reparación de los desperfectos ocasionados por el caballo descontrolado.

    Media hora en el bar

    La ‘ruta’ del caballo finalizó alrededor de las 14.30 horas en el bar Parada, situado frente al número 40 de la calle Barcelona de Salou. Una vez allí, según explicó el propietario del establecimiento, Jose Reyes, «se quedó enganchado con el toldo y ya no se movió». El equino permaneció allí durante unos treinta minutos, tiempo durante el cual «le dimos agua» y «un guardia logró calmarlo». Aun así, Jose no se quedó tranquilo hasta que el caballo no fue evacuado: «Creía que entraría al bar», dijo. Por suerte todo quedó en una mera anécdota, a esa hora sólo había un cliente y ni siquiera el toldo sufrió daños.

     

     

    Fuente: diaridetarragona.com

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