Todas las categorías
    • Todas las categorías
    • Caballos
    • Transportes
    • Accesorios
    • Servicios
    • Mascotas
    • Propiedades
    Please select a location from the drop-down list

    Una protectora exige el cierre de una empresa de rutas cerca de Avilés por maltrato a los caballos

    Compartir:

    La Asociación Nacional Animales con Derechos y Libertad (Anadel) presentó ayer una denuncia formal en el cuartel de la Guardia Civil de Avilés -dirigida a la patrulla del Seprona- para exigir el cierre inmediato de una empresa que, entre otras actividades, organiza rutas a caballo por Castrillón y guarda a algunos de sus animales en una finca de la localidad de Teboyas. El presidente de la citada protectora, Antonio Suárez, sostiene que los animales llevan tiempo sufriendo un «maltrato inhumano» y afirma que su asociación tiene constatada la muerte de al menos seis de ellos «por falta de alimentación o por negligencias». Anadel también ha presentado en el cuartel varias fotografías, tomadas a lo largo de los últimos meses, en las que se recogen los cadáveres de varios caballos y se refleja «el estado lamentable» de otros.

    La versión de la propietaria de la empresa es muy distinta. Lo cierto es que Ayesha González le abrió las puertas de su finca al diario La Nueva España sin problemas a pesar de estar al corriente de las acusaciones que se vierten contra ella. En ese momento había allí nueve caballos. «Están todos bien cuidados», señaló González, que añadió: «Tengo veterinario 24 horas y un herrador profesional, todos tienen microchip, están vacunados, desparasitados y comen todos los días una paca de hierba por cabeza».

    No obstante, los responsables de la protectora tienen previsto solicitar también la incautación de los caballos y la inhabilitación para la tenencia de animales para la propietaria del negocio, a la que, según asegura Antonio Suárez, «ya se le cerró una tienda en Avilés hace dos años por un tema similar a raíz de otra denuncia nuestra». El presidente de Anadel afirma que el local que regentaba entonces Ayesha González era una especie de casa de torturas para los animales: «Por poner un sólo ejemplo basta decir que tenía un mapache encerrado en una jaula desde hace tanto tiempo que llegó a volverse loco y que acabó automutilándose a causa del estrés. También cerraba durante cinco días y dejaba a los animales sin comer porque, según anunciaba en un cartel a la puerta de la tienda, estaba segando», explicó Suárez.

    La Asociación Nacional Animales con Derechos y Libertad lo tiene bien claro: «Las condiciones en las que viven los caballos de Teboyas no se puede permitir», señalo su presidente. Antonio Suárez asegura que los animales han mejorado algo con la llegada de la primavera «porque hay algo más de vegetación y pueden comer algo», pero «a la mayoría se le ven las costillas y se les nota falta de cuidados». Por otro lado, la protectora mantiene que la responsable de la empresa cuenta con otras fincas -una de ellas en el en Gijón, donde también organiza rutas- en las que, según las denuncias de algunos vecinos de Teboyas, «esconde a los animales que están en peor estado».

    La finca de Teboyas en la que se encuentran los caballos, siempre según Anadel, no cuenta con las instalaciones necesarias para el cuidado correcto de los animales ni está acondicionada para ofrecer el servicio al cliente que se les exige a las empresas de estas características. «Los caballos no tienen una cuadra para cobijarse, están en un barrizal y en el que no crece pasto y no comen los suficiente. Los vecinos aseguran que a los clientes de las rutas se los deja ensillados y con unas mantas protectoras para que no aprecien su estado», afirmó Antonio Suárez, que añadió: «Esas mantas que les pone se mojan por el invierno y les dejan la piel en carne viva, además les provocan sarna». Anadel denuncia además que las instalaciones «no tienen unos vestuarios, ni unas duchas, ni condiciones de salubridad».

    Ayesha González asegura que no tiene establos para todos los caballos por ser fiel a su propia filosofía. «Yo creo que tienen que estar libres y por eso no tengo cárceles para ellos. Eso sí, por el invierno les pongo mantas térmicas», explicó. En cuanto a las supuestas muertes: «Alguno se muere, pero no de hambre, el último se murió de viejo y eso no se puede evitar», subrayó.

     

     

    Fuente: lne.es

    Noticias
    Suscríbete al boletín